miércoles, 13 de enero de 2010

EINSTEIN: SU VIDA Y SU UNIVERSO (Walter Isaacson, 2007)

El libro de Walter Isaacson me ha aportado un conocimiento perfectamente contextualizado de la situación histórico-política en la que vivió Albert Einstein, pero además me ha dado unas pistas sencillas y claras sobre la relatividad. La evolución de su sentimiento pacifista y de su anti-nacionalismo resulta muy interesante. Otras partes del libro que abordaban la vida personal del genio de la física no me interesaban tanto y las he ignorado directamente.


TEORÍA DE LA RELATIVIDAD ESPECIAL Y TEORÍA DE LA RELATIVIDAD GENERAL

La relatividad, a secas, afirma que “las leyes fundamentales de la física son las mismas cualquiera que sea nuestro estado de movimiento”. Entonces llegó Einstein y expuso su teoría de la relatividad especial, en 1905, que está ideada para explicar un caso especial, el de un sistema en que los observadores se mueven a velocidad constante uno respecto del otro. A esto se le llama un sistema inercial, es decir carente de fuerzas y por tanto de aceleraciones. Cuando estudiábamos física nos hablaban de la famosa fórmula F=m.a Pues bien todo cuadra en ese sentido, si la aceleración es igual a cero, la fuerza también lo será, y de existir movimiento tendrá que ser forzosamente uniforme, constante, ideal… de los que no existen, vamos. Porque lo más normal es que haya rozamientos, giros, cambios de velocidad…y todo ello conlleva aceleraciones.

Entonces Einstein se esforzó durante la siguiente década para encontrar una teoría que subsanase dos defectos de su relatividad especial. El primero es que quería que dejase de ser “especial”, o restringida como también se la denominaba, y pasase a ser general. Es decir, quería que se pudiera aplicar a movimientos acelerados, sistemas no inerciales, que son los sistemas que abundan en la naturaleza. Y en segundo lugar quería salvar la contradicción que su teoría de la relatividad especial conllevaba, ya que nada se podía transmitir con mayor velocidad que la luz, y la fuerza gravitatoria de Newton parecía que era instantánea independientemente de la distancia de los cuerpos entre sí. Así nació la teoría de la relatividad general, aunque hay opiniones que dicen que esta asociación (sistemas inerciales únicamente para la relatividad especial, no tiene que ser necesariamente así).

Otra interesante polémica en el contexto de la historia de la ciencia fue tratada anteriormente en otro post, en torno a si Einstein llegó a conocer el experimento de Michelson, y si en todo caso tuvo alguna influencia en su teoría de la relatividad especial.

Algunos han aprovechado el nombre de su teoría para acusarle de propugnar una indiferencia política o moral, algo que él rechazaría haciendo notar la diferencia entre relatividad y relativismo. Como veremos enseguida tuvo posiciones comprometidas mucho más de lo que se podría esperar de un personaje científico de la época. Además en su momento el físico pensó en bautizarla como teoría de la invariancia, debido a que presupone que las leyes de la física eran “invariantes antes que relativas”.

PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Albert Einstein empezó a ser un comprometido pacifista a partir de la I Guerra Mundial, y sería todavía más comprometido con la causa del internacionalismo, abogando por una unión de pueblos que impidiese las guerras. Consideraba que el científico tenía el deber moral de hacerse oír en una Europa amenazada por los nacionalismos, y en concreto contraatacó con el manifiesto a los europeos (del que no se consiguieron apenas adhesiones, y no se llegó a publicar) frente al “Manifiesto de los 93” en alusión a los 93 intelectuales alemanes que defendieron la política de agresión de su país. Parece que aquí se cumple aquella máxima de Noam Chomsky que dice que los intelectuales siempre han justificado las guerras de agresión del poder.

En “Mi opinión sobre la guerra” culpaba al patriotismo y apostaba a que había algún componente netamente masculino en los orígenes de los conflictos bélicos. Interesante hipotesis que merecería un post aparte.

“La idea de que la guerra tuviera una base biológica en la agresión masculina sería un tema que Einstein exploraría también en una carta a su amigo de Zurich, Heinrich Zangger. “¿Qué impulsaba a la gente a matarse y mutilarse tan salvajemente? – se preguntaba -. Creo que es el carácter sexual del macho el que lleva a tan salvajes explosiones.”

EL SOCIALDEMÓCRATA

Su ideario político lo resume muy bien el autor:

“Durante el reto de su vida, Einstein suscribiría un socialismo democrático con una base liberal y antiautoritaria. Defendería la igualdad, la justicia social y la constricción del capitalismo. Ería un fiero defensor de los más débiles. Pero en la medida que hubiera revolucionarios que se sintieran tentados por el deseo bolchevique de imponer un control centralizado, o en la medida que un régimen como el de Rusia le conmocionara por su autoritarismo, el amor instintivo de Einstein por la libertad individual normalmente provocaría en él una reacción de desdén.”

El socialismo (con las cautelas anteriormente expresadas) dentro de su escala de valores, estaba por detrás del pacifismo:

“Deberíamos trabajar, primero por el pacifismo, y solo después por el socialismo.”

En otra ocasión le exigieron que no se quedara a mitad de camino y fuera totalmente comprometido, que se decantara por el socialismo como culminación del pacifismo. Pero Einstein respondió tajantemente diciendo que eso era una tontería:

“No estoy convencido de que quienes obtuvieran el poder por medio de acciones revolucionarias actuaran de acuerdo con mis ideales”

MATIZANDO SU ANTI-NACIONALISMO

Su invectiva contra todo nacionalismo se vio modificada por el creciente y virulento antisemitismo alemán, que le empujó a declararse sionista, es decir, partidario de “los asentamientos judíos en Palestina, de una identidad nacional entre los judíos de todas partes y del rechazo de los deseos asimilacionistas.” Estamos ante la actitud cambiante, o mejor dicho, ante la evolución de un pensador frente a los cambios de la sociedad. Einstein, genio de la física, aprendía y evolucionaba según pasaba el siglo XX. Yo lo relaciono con los cambios savaterianos de mi anterior post: Fernando Savater, antiguo fustigador de todo tipo de nacionalismos, pasó a ser defensor de uno de ellos (el español) frente a otro mucho más agresivo e intolerante (el vasco). Cada uno a su manera optó por plantar cara a quienes querían quitarlos de en medio por no compartir sus ideas internacionalistas, y ello los “empujó” a decantarse por uno de esos nacionalismos que tanto criticaban. En ambos casos, esta violación de sus principios suponía ponerse de parte de los débiles y no conllevaría la adhesión ciega a ningún líder de ningún movimiento emancipador. Y ambos se negaron a dedicarse profesionalmente a la política (Einstein rechazó ser presidente de Israel, y Savater no ha estado en ninguna lista electoral que yo sepa) a pesar de haber dado su firme apoyo a sus respectivas causas. Al respecto Einstein diría:

“Como ser humano estoy en contra del nacionalismo. Pero como judío, soy desde hoy partidario del esfuerzo sionista. […] Se puede ser internacionalista sin ser indiferente a los miembros de la propia tribu […]”

Algunas posiciones antirrelativistas, como las de Philipp Lenard, Wayland y Gehrcke, eran más antisemitas que otra cosa. Y ese fue el motivo de que Einstein les respondiera con cierta ironía y contundencia. Al principio Lenard y Einstein se llevaban bien, pero el nacionalismo del primero y el sionismo del segundo, terminaron separándoles. Al final Lenard se convirtió en un furibundo defensor de la Alemania nazi. Merece la pena leer como fue toda esa polémica en la que política y ciencia se mezclaban sin cesar.

Sea como fuere, su defensa del sionismo fue política o humanitaria, pero en ningún caso religiosa como veremos más tarde. Ni tampoco fue indiferente a los árabes:

“Si no somos capaces de encontrar una forma de cooperación honesta con los árabes y unos pactos honestos con los árabes, no habremos aprendido absolutamente nada en dos mil años de sufrimiento”

EN CONTRA DE LA MECÁNICA CUÁNTICA

Las investigaciones einstenianas revolucionaron la mecánica clásica newtoniana, así lo anunciaban a bombo y platillo los periódicos de la época. Sin embargo unas décadas más tarde, el principio de incertidumbre de Heisenberg, haría que Einstein se convirtiera, en cierto modo, en defensor de lo que había conseguido derribar: el espacio y el tiempo absoluto. Y todo ello porque ciertamente la mecánica cuántica presentaba una realidad caprichosa ante la que Einstein se revelaba.

Resulta que según esa famosa incertidumbre, es imposible observar algo, sin que el hecho de observarlo afecte a ese algo. Hasta aquí lo podemos asumir. ..

“Pero la teoría de Heisenberg iba más allá. Un electrón -decía- no tiene una posición o trayectoria definidas hasta que lo observamos. Se trata de una característica de nuestro Universo, no simplemente de un defecto de nuestra capacidad de observación o de medición. […] Afirma que no hay realidad objetiva –ni siquiera posición objetiva de una partícula- fuera de nuestras observaciones. Además, el principio de Heisenberg y otros aspectos de la mecánica cuántica socavan la noción de que el universo obedece a leyes causales estrictas. El azar, la indeterminación y la probabilidad pasaban a ocupar el lugar de la certeza. […] Einstein jamás se dejaría convencer a pesar de que hubo repetidos experimentos que demostraron la validez de la mecánica cuántica. Seguiría siendo un realista, cuyo credo se basaría en la creencia en una realidad objetiva, arraigada en la certeza, que existía independientemente de que nosotros pudiésemos observarla o no.”

Debo confesar que me encuentro, de nuevo, del lado de Einstein. Si pones una bola en una de las dos cajas que tienes sobre la mesa, la probabilidad de acertar puede ser del 50%, pero la existencia de la bola dentro de una de las cajas es cierta al 100%. Según la mecánica cuántica no. La certeza, tal como la conocíamos ha muerto. Ahora todo son probabilidades e incertidumbres, pero no como manifestación de nuestra ignorancia, sino como realidad física describible con ecuaciones de mecánica cuántica. Esto es lo que en mi pueblo dirían que es una “gran paja mental”. Sin embargo es lo que sostiene la mecánica cuántica, cuya valía está fuera de toda duda a nivel práctico. De hecho en los famosos Congresos de Solvay, probablemente la mayor concentración de genios científicos de la historia por metro cuadrado, se expusieron muchos “experimentos mentales” a los que los físicos teóricos son muy aficionados, y en concreto los de Einstein tenían la intención de dinamitar la mecánica cuántica. Pero el experimento mental más famoso contra la teoría cuántica, vino de la mano de Schrödinger y su famoso gato:

“Se pueden incluso plantear casos bastante ridículos. Un gato está encerrado en una cámara de acero, junto con el siguiente dispositivo (que debe ser protegido frente a una posible interferencia directa por parte del gato): en un contador Geiger hay una minúscula cantidad de una sustancia radioactiva, tan pequeña que tal vez, en el curso de una hora uno de los átomos se desintegre, pero, con igual probabilidad, tal vez no lo haga ninguno; si tal cosa ocurre, el tubo del contador se dispara y, por medio de un relé, libera un martillo que rompe un pequeño frasco de acido cianhídrico. Si este sistema se ha dejado íntegramente a su suerte durante una hora, se puede decir que el gato todavía vive si en ese tiempo no se ha desintegrado ningún átomo. La función psi dle sistema íntegro lo expresaría teniendo al gato vivo y al gato muerto mezclados o (perdón por la expresión) enmerdardos.”

Otro de los problemas teóricos de la física cuántica era la afirmación de que existe un “entrelazamiento cuántico” entre dos partículas, aunque estén muy alejadas la una de la otra. Einstein lo llamó una “acción fantasmagórica a distancia”, porque si medías las propiedades de una de las partículas, tal medición afectaba a la otra de manera instantánea, a una velocidad incluso mayor que la de la luz, y eso violaba el pilar de la teoría de la relatividad que establece que nada puede viajar a mayor velocidad que la de la luz. Pero por lo visto, el entrelazamiento cuántico se ha podido demostrar experimentalmente.

Einstein trabajó hasta el final de sus días, en una teoría que pudiera unificar la gravedad y el electromagnetismo, y confiaba que esa teoría explicara las inconsistencias y paradojas de la mecánica cuántica. Nunca llegó a terminar esa teoría del campo unificado.

[EDITO: El episodio "La mecánica cuántica" de la serie "El tejido del cosmos", me parece esclarecedor y didáctico en su totalidad, lo recomiendo para el que sienta curiosidad por la mecánica cuántica.]

UNA RELIGIÓN MUY ATEA

De esa posición de resistencia frente a la mecánica cuántica saldría su famosa frase de “Dios no juega a los dados”. Algunos la interpretaron como una constatación de su creencia en un Dios creador, cuando en realidad se refería a su creencia en unas leyes físicas que funcionaban, independientemente de si nosotros éramos capaces de observarlas o no. El contexto de la frase es una pugna científica en donde Einstein defendía el determinismo de las leyes del Universo frente a la caótica mecánica cuántica. La frase completa es la siguiente:

“La mecánica cuántica sin duda resulta imponente. Pero una voz interior me dice que eso no es todavía lo real. La teoría dice mucho, pero en realidad no nos acerca en absoluto a los secretos del Viejo. Sea como fuere, yo estoy convencido de que Dios no juega a los dados.”

El tema de si Einstein era creyente o no ya lo traté en otro post. La exposición de Dawkins me convenció, y por tanto pienso que Einstein solo era religioso en un sentido metafórico que corroboró cuando identificó su inquietud existencial con la de Spinoza (paradigma del panteísmo, que muchos consideran que es un tipo de ateísmo). Además, las cartas que dejó en sus últimos años de vida dejan muy claro que no era religioso en el sentido que todos solemos entender. No creía en un Dios que supiera de la existencia de los seres humanos ni tampoco en la inmortalidad, tan solo en la belleza matemática del Universo, la cual le fascinaba tanto que se atrevía a llamarla dios. No obstante, ahora, después de leer el erudito capítulo de Walter Isaacson sobre el tema, me parece que el libro de Dawkins está incompleto, porque aunque la última palabra de Einstein sobre el tema fue para distanciarse de la religión, no rectificó nada sobre la antipatía que sentía por los ateos profesionales, que equiparaba con los positivistas en su arrogancia de pretender saberlo todo sin necesidad de ningún misterio. Einstein apreciaba ese misterio (al que llegó a denominar fuerza e incluso espíritu), que parece gobernar las leyes del universo, y solo en ese sentido se consideraba religioso. Sin embargo Dawkins no incluye citas como ésta, que podrían suponer una aprobación del diseño inteligente:

“No soy ateo. El problema que ello entraña es demasiado vasto para nuestras mentes limitadas. Estamos en la situación de un niño pequeño que entra en una enorme biblioteca llena de libros en muchas lenguas. El niño sabe que alguien debe haber escrito esos libros. No sabe cómo. No entiende los idiomas en que están escritos. El niño tenuemente sospecha que hay un orden misterioso en la ordenación de los libros pero no sabe cuál será. Esta es, me parece, la actitud de incluso el humano más inteligente hacia Dios. Vemos el universo maravillosamente ordenado y obedeciendo ciertas leyes, pero sólo tenuemente entendemos estas leyes.”
La cita a veces aparece en otra versión ligeramente extendida, en la que también rechaza ser panteísta (el propio Isaacson en su capítulo publicado en The Times cita esta versión… no entiendo que no la incluya en su libro, quizás sea un error de traducción):

"I'm not an atheist. I don't think I can call myself a pantheist. The problem involved is too vast for our limited minds. We are in the position of a little child entering a huge library [...]"

Es cierto que la cita no es la última palabra de Einstein sobre sus creencias, pues data de 1929, y que el entrevistador no era muy de fiar (Viereck es cuestionado en esta completa web sobre el tema de Einstein y la religión, y la primera vez que publicó la entrevista no incluyó tan relevante cita), pero existe y se debería conocer para que cada cual juzgara. Dawkins tampoco menciona que Einstein declaró que creía en la existencia histórica de Jesucristo, que aceptaba que le pudieran llamar agnóstico y que despreciaba a los ateos profesionales o ateos fanáticos que no eran capaces de percibir el misterio del universo. En una ocasión, cuando comparó la creencia en dios con una analogía infantil, le pidieron permiso para usar su cita contra algunos marinos religiosos, pero Einstein pidió hacerlo sin reduccionismos, es más, se distanció de quienes podían dedicarse a ridiculizar ese sentimiento religioso:

“Puede llamarme agnóstico, pero yo no comparto el espíritu de cruzada del ateo profesional cuyo fervor se debe principalmente a un doloroso acto de liberación de los grilletes del adoctrinamiento religioso recibido en su juventud.”

Por si esto no fuera poco, en una carta fechada el 1 de enero de 1951, le dice a su amigo Solovine:
"Puedo entender tu aversión a usar la palabra "religión" cuando uno trata de referirse a una actitud emocional o filosófica, aunque con Spinoza es lo más indicado. No tengo mejor expresión que "religiosa" para definir esta confianza en la naturaleza racional de la realidad y en el hecho de que ésta sea accesible, en cierta medida, a la razón humana. Cuando falta este sentimiento, la ciencia degenera en un empirismo falto de inspiración. Por lo que a mi respecta, los curas pueden sacarle partido a esto. De todas formas, nada se puede hacer al respecto." [Mi traducción, tras consultar una vista preliminar del libro que contiene las correspondencia de Einstein con Solovine]

La anterior cita suele obviar las dos últimas frases, como sucede en el libro de Isaacson, y tampoco se  suele citar la carta del año siguiente al mismo amigo, en la cual remata:
“Y aquí está el punto débil de los positivistas y de los ateos profesionales, que se sienten felices porque creen que no sólo se han apropiado del mundo de lo divino, sino también del de lo milagroso. Curiosamente, tenemos que resignarnos a reconocer el "milagro", sin poseer ningún modo legítimo de ir más lejos. Tengo que añadir el último punto explícitamente, por si piensas que, debilitado por la edad, he caído en manos de los sacerdotes”. [Traducción de José Luís Viviente.]

Dawkins debería haber sido más honesto y debería haber dicho que Einstein no sentía simpatía alguna por el movimiento ateísta de aquel entonces, y Dawkins pertenece sin duda a un movimiento ateo en la actualidad. Pero su aversión era por la falta de sensación misteriosa de la que se supone que carecen los ateos, no por el convencimiento de que no existe ni ha existido ningún dios creador. En defensa de Dawkins, a pesar de haber silenciado estas citas, tengo que decir que su concepto de la ética, el humanitarismo y el respeto que siente frente a la espiritualidad de los creyentes, no está reñido con el debate intelectual de altura en el que a veces, se tienen que exponer argumentos que pueden sentar mal al creyente, pero que no deben callarse nunca con la excusa de no ofender. El movimiento ateo de Dawkins está lejos de buscar la ofensa gratuita, ni tiene que ver tampoco con esa malinterpretación de un egoísmo natural y genético como forma ideal de organización humana. Sus libros y documentales están plagados de referencias al compromiso social y al humanitarismo.

Pero lo cortés no quita lo valiente. No se justifica que citas, como la siguiente, se omitan en el libro de Dawkins o en el "Dios no existe" de Hitchens. Carta a un banquero en Colorado en 1927 (Calaprice, ibid., 204 / To a banker in Colorado, 1927. Einstein Archive 48-380; also quoted in Dukas and Hoffmann, Albert Einstein, the Human Side, 66, and in the New York Times obituary, April 19, 1955):
"Mi religiosidad consiste en una humilde admiración por el espíritu infinitamente superior que se revela en lo poco que podemos comprender del mundo cognoscible. Esta convicción profundamente emocional de la presencia de una potencia racional superior, que se revela en el incomprehensible universo, constituye mi idea de Dios."

Pero volviendo a Isaacson, es contradictorio, pues al principio dice que su concepción de dios era deísta y páginas después dice que era atea. Las citas poéticas de Einstein tampoco ayudan demasiado, pero en mi opinión el asunto se podría resumir de la siguiente manera.

Einstein pasó de una juventud judía a una madurez panteísta con cierto componente deísta. ¿Significa eso que era ateo? Hay dos formas de intentar contestar a esta pregunta. Intentando profundizar en su particular concepto de religión o intentando encasillarlo en un concepto de religión más al uso.

Si profundizamos nos daremos cuenta de que Einstein no se quería vincular al grupo de creyentes ni al de ateos. No compartía con los creyentes su idea de un dios que nos vigila, premia o castiga. Tampoco compartía con los “ateos profesionales” su falta de misterio y fascinación por la harmonía del Universo, ni creía necesario una cruzada atea para quitarle esa espiritualidad mística a los que la tuvieran (aunque fueran religiosos). Él tenía su propia religión sui generis que no incluía a ningún dios, su religiosidad solo era un sentimiento de veneración frente a la belleza de las leyes que gobiernan el Universo. ¿Incluía eso al menos a un dios creador, al estilo deísta? Sus numerosas referencias a dios así podrían sugerirlo, sobre todo cuando hablaba de ciencia para referirse a la perfección del Universo. Pero cuando Einstein quiso tratar específicamente el tema de dios, y fue en muchas ocasiones, no dijo nada de un dios creador. Por ello pienso que esas referencias eran panteístas, y que él era un ateo místico, que simplemente estaba fascinado con la belleza del Universo.

Pero llegaríamos a la misma conclusión si dejamos atrás todas las disquisiciones einstenianas sobre la religión, ya que él mismo se encargó de aclararlo con ocasión de una falsa acusación de haberse convertido al cristianismo gracias a un jesuita. Normalmente se negaba a responder a reduccionismos que no le permitieran explicar bien sus posiciones religiosas (esto también vale para sus negativas a explicar la relatividad en pocas palabras), pero en esta ocasión bajó al barro:

“Desde el punto de vista de un sacerdote jesuita soy, por supuesto, y siempre he sido un ateo.”

Si a eso le sumamos una de sus últimas citas (o quizás la última) sobre el tema, parece más o menos claro que no tenía nada de creyente, dudosamente algo de deísta, ciertamente algo de ateo y finalmente bastante de panteísta:
"Por supuesto que es mentira todo lo que ustedes han leído acerca de mis convicciones religiosas, una mentira que se repite sistemáticamente. No creo en un Dios personal y no lo he negado nunca, sino que lo he expresado muy claramente. Si hay algo en mí que pueda llamarse religioso es la ilimitada admiración por la estructura del mundo, hasta donde nuestra ciencia puede revelarla."
La cita anterior es de una carta, fechada el 22 de marzo de 1954, de un ateo que le preguntaba por un artículo en el que había leído algo sobre las supuestas creencias religiosas de Einstein. La respuesta llegó dos días más tarde. La única fuente de esta cita es un libro de 1979 (por lo que Isaacson también cae en ocultar las citas que le son incomodas, al igual que Dawkins), editado por Helen Dukas y Banesh Hoffman que se puede consultar en google books, pero en la vista preliminar no he podido consultar la fuente de la carta ni donde está archivada. No se si es porque las referencias están en alemán al final del libro, o porque simplemente no se dan referencias en el libro. No sería la primera vez que se trata de sesgar parte de una cita de Einstein que tenga que ver con la religión. Precisamente en otro libro anterior de los mismos autores, se omitió la frase de Einstein en la que se identificaba con un ateo, frente a un creyente normal y corriente como sería un jesuita.  Michael R. Gilmore sospecha que fue su secretaria, Helen Dukas, la que habría mediado para ocultar ese dato. En este caso, si no exisitera la carta del 24 de marzo de 1954, Dukas estaría inventando una cita que  paradójicamente apoyaría al Einstein ateo que antes trató de ocultar.

MATIZANDO SU PACIFISMO EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

A partir de los cincuenta Einstein se fue jubilando de la física activa, y se pasó a un pacifismo militante que promulgaba el desarme general y la oposición a la guerra. Son numerosas las declaraciones, las conferencias, y los artículos que escribió contra el servicio militar obligatorio y los ejércitos en general.

Cuando Hitler se hacía fuerte en Alemania, a pesar de criticar su antisemitismo, infravaloró su amenaza para Europa y siguió manteniendo sus posiciones antimilitaristas. Pero a partir de 1933 su postura evolucionaría hacia un reforzamiento de entidades supranacionales que se arrogaran el legítimo uso de la fuerza. Esto encontró su oposición en las asociaciones de objetores de conciencia, que lo veían como derrota pues suponía que la fuerza podía ser un factor legítimo. Pero Einstein se mantuvo firme y estableció una nueva excepción que confirmaría la regla (la otra era su matización de sionista dentro de su pensamiento anti-nacionalista), y era que mientras que Hitler se estuviera armando y preparando para la guerra, no se encontraba con fuerzas de animar a la objeción de conciencia.

“Debo decírselo francamente: en las actuales circunstancias, si yo fuera belga, no rechazaría el servicio militar, sino que lo aceptaría de buen grado con la conciencia de servir a la civilización europea. Eso no significa que renuncie al principio que he estado defendiendo hasta ahora. No tengo otra esperanza mayor que la de que en no mucho tiempo el rechazo al servicio militar vuelva a ser de nuevo un método eficaz de servir a la causa del progreso humano”
A su colega Lord Ponsonby, famoso por su libro en el que denunciaba las mentiras de propaganda de la Primera Guerra Mundial, le escribía:

“¿Es posible que no sea usted consciente del hecho de que Alemania está rearmándose febrilmente, y de que se está adoctrinando a toda la población con el nacionalismo y adoctrinándola para la guerra? … ¿Qué protección sugeriría usted a parte de la fuerza organizada?”
En otra carta a un rabino insistía en su nueva posición:

“Soy el mismo ardiente pacifista que era antes. Pero creo que solo podemos defender el rechazo al servicio militar cuando la amenaza militar de dictaduras agresivas hacia los países democráticos haya dejado de existir”.
Pero el pacifismo de Einstein iba a sufrir un fuerte revés debido a su participación en proceso de idear una bomba atómica. Su amigo, Szilárd, le había comunicado dicha posibilidad, y alarmados ambos por las intenciones de los alemanes de comprar plutonio en el Congo Belga, decidieron comunicárselo a las autoridades belgas. Pero finalmente esperaron a que un amigo del presidente norteamericano Roosevelt le hiciese llegar la noticia a través de varias cartas que firmaría en solitario Albert Einstein, debido a su fama internacional. El presidente movió ficha y creó el proyecto que investigaría la fisión en cadena y la inevitable bomba atómica. Conforme se iba avanzando en el proyecto Manhattan, hacia finales de 1944, Otto Stern le comunicaba a Einstein sus más temibles secretos: la bomba estaba a punto de ser una realidad, y supondría un cambio en la forma de entender la guerra, sería un peligro incontrolable. Einstein escribiría a su colega de trifulcas cuánticas, Niels Bohr, y le diría que ahora más que nunca era necesario crear una sociedad de naciones realmente efectiva que limitase el uso de las nuevas armas atómicas. Además, al acercarse el final de la guerra, parecía claro que los alemanes no tenían bomba atómica alguna, e intentó parar el proceso con una nueva carta, pero ya era demasiado tarde. El nuevo Presidente Truman tomó la decisión de tirar la bomba atómica y Einstein se vería atormentado el resto de sus días, no solo por las dos explosiones sobre Japón, sino por haber colaborado a destapar la caja atómica de Pandora.

Se pueden hacer hipótesis de si se hubiese podido construir la bomba atómica a tiempo, o no, o de cómo habría sido el mundo sin esas explosiones. No creo que la fisión atómica hubiese tardado mucho más, pero el caso es que el pacifista Einstein empujó el proyecto aunque fuese por miedo a los alemanes. ¿Es eso suficiente para poner en duda su pacifismo? Yo más bien diría que fue un terrible error, porque aunque nunca volvió al pacifismo más o menos radical de antaño, el resto de su vida se dedicó a predicar contra el rearme mundial y a favor de una federación internacional de potencias armadas.

Aunque muchos biógrafos consideran su postura en la Segunda Guerra Mundial como algo transitorio, Isaacson defiende acertadamente que Einstein no volvió a ser nunca más un pacifista puro. Algunos izquierdistas trataron de recuperarlo para la causa pacifista, pero no se posicionó oficialmente frente a la bomba de hidrógeno lo cual no quiere decir que estuviera a favor, más bien al contrario. En un programa de TV habló de “aniquilación” refiriéndose a la carrera armamentística, pero su confianza en sí mismo se había visto tocada por cómo terminó lo de la bomba atómica. No quería firmar manifiestos que implicasen solo posiciones unilaterales, y se agarraba a la necesidad de que el desarme fuese internacional porque de lo contrario no tendría sentido.

“Cada paso aparece como la consecuencia inevitable del que ha venido antes. Y al final, acechando cada vez más claramente, aguarda la aniquilación generalizada.”
Ya en plena Guerra Fría, cuando los de la Liga de Objetores a la Guerra le echaron en cara alguna declaración suya de antaño, con la intención de que volviera a ser miembro de la organización, dijo:

“Esa declaración expresa acertadamente mis opiniones sobre la objeción a la guerra en el periodo que va de 1918 hasta comienzos de la década de 1930. Ahora, sin embargo, considero que esa postura, que implica la negativa individual a participar en actividades militares, resulta demasiado primitiva. […] Las actividades antimilitaristas, pasando por el rechazo al servicio militar, solo son prudentes si resultan viables en todos los rincones del mundo. El antimilitarismo individual resulta imposible en Rusia."
GUERRA FRÍA, NI CON EEUU NI CON RUSIA

Einstein se convirtió en un emigrante en EEUU en 1933, a los cincuenta y cuatro años de edad, y en 1940 adquiriría la nacionalidad estadounidense. Estaba fascinado por el amor que los ciudadanos americanos sentían por la libertad de expresión. Era tan común expresar opiniones diferentes y políticamente comprometidas sin temor a represalias algunas, que eso mismo fue el detonante para que Einstein saltara a la palestra cuando se rebeló contra la obsesión anti-comunista y la caza de brujas de McCarthy, que llegó a calificar de fascismo y compararla con la Alemania nazi. El FBI, con Hoover a la cabeza, no le tenía muchas simpatías, y siempre lo vieron como una amenaza comunista que había logrado introducirse en EEUU. Pero tal y como observa Isaacson, Einstein nunca perdió su trabajo ni se vio directamente amenazado por el estado, como le habría sucedido en una dictadura de verdad. La democracia estadounidense, según Isaccson, se rectificó a sí misma y castigo a McCarthy. Pero hasta ese momento, Einstein intentaba bajarle los humos a los caza brujas:

“Mi objeción con respecto a su artículo es que en él no solo no se opone al temor histérico y generalizado que existe en nuestro país a una agresión rusa, sino que de hecho lo fomenta. Todos nosotros debemos preguntarnos cuál de los dos países está objetivamente más justificado para temer las intenciones agresivas del otro.”
Pero tampoco estuvo a favor del capitalismo desbocado de EEUU… ¿Lo convirtió eso en partidario de la URSS? Aunque compartía ciertos ideales socialistas y reconoció ciertos logros de la Unión Soviética, de ningún modo era pro soviético. Condenó la “completa supresión de la libertad individual y la libertad de expresión” que allí existía, y no dudo en seguir condenando la falta de voluntad de los soviéticos a la hora del desarme generalizado.

“No debemos cometer el error de culpar al capitalismo de todos los males sociales y políticos existentes, ni de suponer que la mera implantación del socialismo sería suficiente para curar los males sociales y políticos de la humanidad.”
El libro termina con la truculenta historia de lo que sucedió con el cerebro de Einstein después de su muerte. Pero ese tema ya lo traté en el otro post, y consideró más afortunado despedir este largo comentario de un libro tan interesante, con el siguiente párrafo referente a un discurso del genio de la física de 1931:

“Su sermón, basado en su visión humanista, versaba acerca de cómo la ciencia todavía no se había empleado en hacer más bien que mal. Durante la guerra, esta proporcionaba a las personas “los medios para envenenarse y mutilarse unas a otras”, y en tiempos de paz “ha vuelto nuestras vidas apresuradas e inciertas”. En lugar de constituir una fuerza liberadora, “ha hecho a los hombres esclavos de las máquinas, obligándoles a dedicar “largas y pesadas horas, casi siempre sin alegría, a su trabajo”. La preocupación por hacer mejor la vida de las personas normales y corrientes debería ser el principal objetivo de la ciencia. “Nunca olviden esto cuando reflexionen sobre sus propios diagramas y ecuaciones.”


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