lunes, 2 de septiembre de 2013

"CÓMO FUNCIONA EL MUNDO" (1986-2011) Noam Chomsky


Noam Chomsky es el maestro por excelencia. He subtitulado documentales y traducido artículos y entrevistas suyas. He intercambiado opiniones con él y espero trabajar pronto en una entrevista-documental que pronto saldrá a la luz de la mano de Andre Vltcheck. Parece mentira que la admiración que siento por Noam Chomsky no se haya traducido antes en ninguna reseña de ninguno de sus libros (aunque sí en múltiples entradas en algunos de mis blogs). Más vale tarde que nunca.

Prácticamente toda la izquierda anti-imperialista se ha visto influida por sus trabajos, ya que él es el máximo exponente de la crítica a la política exterior estadounidense. Cualquiera que quiera analizar la política internacional de las superpotencias durante el pasado siglo y el actual, no puede obviar los análisis de Chomsky. Pero no solo ahí acaba su alargada sombra: desde cuestiones de política interna hasta los movimientos asociativos, desde el anarquismo hasta el medio ambiente, desde el poder de los medios de comunicación hasta la globalización, etc... por no hablar del inicio de su carrera académica con sus ideas de la gramática generativa que revolucionó el mundo académico de la lingüística.

Habiendo leído tantas conferencias y artículos suyos uno puede tener una idea bastante aproximada de sus posiciones. Y efectivamente, tras leer este libro que ahora comento, he encontrado pocas cosas realmente novedosas que no hubiese comentado en otros lugares. Pero la frescura, elegancia, precisión y máxima honestidad con la que presenta sus ideas me impide cansarme de volver a leer una y otra vez lo mismo: que el poder nos tiene bien cogidos por los testículos pero que hay formas de retorcérselos también al poder. Su visión de la cooperación entre los individuos, y su ejercicio de la responsabilidad por los propios actos me ha influido incluso a nivel personal a la hora de trabajar o de relacionarme con los míos. Su autoridad, en mi opinión, no es solo por tener a mano un dato actual o un ejemplo histórico que justifica con precisión un pensamiento abstracto, sino que es un referente moral que predica con el ejemplo y enseña un sistema sólido y coherente de análisis.

Aunque tanta admiración puede sonar un poco a gurú o mesías, sin duda Chomsky no es infalible, pero pocas personas he visto yo con planteamientos tan consistentes y detallados, con una visión a largo plazo que abarca un siglo entero de análisis geopolítico. Para mí, leer a Chomsky se ha convertido en la forma más independiente e inteligente de observar las diminutas grietas del sistema en el que vivimos. Un sistema capitalista y de dominación, hermético y opaco, pero que con sus textos, esas pequeñas grietas se me hacen obviedades difíciles de pasar por alto a menos que nos las oculten o las camuflen... como vienen haciendo desde siempre.


En "Cómo funciona el mundo" se juntan 4 libros que publicó con anterioridad y que el editor se ha encargado de actualizar debidamente. Comparto las palabras del mismo:

 Aunque las conferencias y las entrevistas compiladas datan de la década de 1990 (o incluso de finales de 1980), los lectores descubrirán que las reflexiones de Chomsky son más profundas que cualquier otro material que puedan leer en los periódicos o escuchar en radio y televisión hoy en día. Los análisis que presenta son tan incisivos y sagaces que con el tiempo se vuelvan cada vez más actuales y sorprendentes. Los invito a leer algunas páginas para ver si coinciden conmigo.

Al carecer de un guión predeterminado, ya que obedece a las preguntas que se le van haciendo con algún orden temático, me limitaré a reproducir algunos de sus argumentos. Dejo en el tintero aspectos poco "resumibles" pero cuya lectura ha satisfecho mi curiosidad: sus críticas a la OLP, al New York Review of Books, a The Nation y a otros sectores de izquierdas. Al Vaticano en el contexto de los curas jesuitas que se mojaron en Latinoamérica y fueron asesinados, a las élites intelectuales posmodernistas, a la explotación del Holocausto y cómo Israel se ha creado sus más acérrimos enemigos, a los líderes revolucionarios del tercer mundo que se convirtieron en terroristas...etc.

tsarphoto.com
Es un mal homenaje para mi primera crítica formal a un libro del maestro (ni siquiera el primero que he leído, pues ya hace muchos años que devoré "Estados Fallidos"), pero así ha sucedido. Si hay un pequeño motivo para el orgullo, será el haber hecho posible que algún navegante perdido... como tú, sí como tú, que todavía no conoces a Chomsky, o tienes una idea intoxicada del mismo, pueda tener la oportunidad de aproximarse a este gigante. Si además propicia que leas algo suyo, entonces mi orgullo se hará todavía mayor.

ESPÍAS NAZIS TRABAJANDO PARA EEUU

Cuando terminó la II Guerra Mundial el ejército de EEUU hizo uso de las redes nazis que todavía quedaron en pie para que trabajasen más allá del telón de acero. Y no sólo contra la URSS, nuevo enemigo de EEUU, sino contra cualquier democracia latinoamericana que se opusiera a los intereses imperialistas de EEUU. En la historia oficial de la Segunda Guerra Mundial debería haber un capítulo que nos contase cómo tras la guerra fue necesario destruir los restos de la resistencia anti-fascista para asegurar que el poder volvía a manos de la industria. "Ya bastante mal está reclutar a criminales de guerra nazis y salvarlos, pero imitar sus actividades es mucho peor."

Pero la inagotable fuente de hipocresía estadounidense no termina ahí. EEUU gestionaba "campos de reeducación" para prisioneros alemanes, a los que se maltrataba y hacia pasar hambre. No se trata de igualar unos campos con otros, sino de denunciar la hipocresía de EEUU y UK a los que tenemos como paladines de la democracia y la libertad, pero que en muchas ocasiones han terminado haciendo lo que ellos mismos condenan. En este caso incluso después de la guerra. Esto fue denunciado por Peggy Duff, una pacifista que retó a su país sacando a la luz estas vergüenzas nacionales.

EL VIRUS DE LA DEMOCRACIA O LA AMENAZA DEL BUEN EJEMPLO

Esta idea es de las más repetidas en sus obras. Todos los movimientos populares que han sido categorizados como una amenaza para EEUU, no lo eran porque pudieran invadir el país, sino porque su eventual éxito interno de sesgo izquierdista, y democrático, podría ser un ejemplo para otros países, incluido EEUU. Por ello había que aniquilar el virus de la democracia que podía germinar aunque solo fuese en pequeños y lejanos pueblos como el vietnamita. "Nos hemos opuesto sistemáticamente a la democracia si no podemos controlar sus resultados." Igualmente en Japón y en Corea, una vez que EEUU venció, aplastó a las resistencias que se opusieron internamente a los fascistas. Y lo mismo a lo largo y ancho del mundo se repite el mismo proceder: allá donde se levanta un movimiento democrático que responde a intereses populares (sindicatos o partidos políticos, etc...) EEUU se alía con militares para hundir el proceso. Si pueden hacerlo por diplomacia y presiones lo hacen, pero sino no dudan en enviar el ejército, torturar o secuestrar. Honduras, El Salvador, Panamá, Nicaragua...los ejemplos son comentados en profundidad y con claridad.

PANAMÁ
Fue el caso típico de un dictador brutal que cruza la línea para dejar de ser un amigo admirable y pasar a ser una "escoria" o un "villano" cuando comete el delito de la independencia. Uno de los errores más frecuentes consiste en dejar de robarles sólo a los pobres, que está bien, y comenzar a meterse con los privilegiados, ganándose la antipatía de los empresarios. [...] el historial de Noriega en materia de derechos humanos no se acerca ni remotamente al de otros protegidos de Estados Unidos en la región ni empeoró con respecto a lo que era cuando todavía seguía nuestras órdenes. Tomemos por ejemplo el caso de Honduras. Aunque no hay terrorismo de estado como en El Salvador o Guatemala, probablemente las violaciones a los derechos humanos fueran más graves allí que en Panamá. Es más, en Honduras hay un batallón entrenado por la CIA que llevó a cabo más atrocidades que Noriega en todo su mandato. O pensemos en otros dictadores respaldados por Estados Unidos, como Trujillo en República Dominicana, Somoza en Nicaragua, Marcos en Filipinas, Duvalier en Haití y todos los mafiosos centroamericanos que gobernaron en los años '80. Cada uno de ellos fue muchísimo más violento que Noriega, pero nuestro gobierno los apoyó con entusiasmo durante años y años de crímenes atroces, siempre y cuando las ganancias siguieran saliendo de sus países y entrando en el nuestro. George Bush elogiaba a criminales como Mubutu, Ceausescu y Saddam Hussein, que eran mucho más crueles que Noriega. Es más, se podría decir que Suharto, de Indonesia, es el peor asesino de todos, pero para los medios gobernados por la Casa Blanca, es un "moderado". [...] Comparado con los amigos de Bush en Bagdad y Beijing, Noriega era la Madre Teresa.

LA GUERRA DEL GOLFO Y EL RECHAZO DE LA DIPLOMACIA

La agresión de Irak contra Kuwait no fue más extraordinaria que otras agresiones (como la de EEUU contra Nicaragua, por poner solo un ejemplo), pero sí fue novedosa en el sentido de que se metió contra los intereses equivocados. Al igual que Noriega, Hussein había sido un brutal dictador mientras EEUU lo apoyaba. El hecho de que la ONU actuase se debe a que en esta ocasión EEUU no bloqueó el Consejo de Seguridad. Según el libro de Daniel Jonah Goldhagen, "Peor que la guerra", que reseñé hace poco en este mismo blog, la inacción de la ONU ante los genocidios durante la guerra fría se debió fundamentalmente a los bloqueos de la URSS, pero Chomsky le da la vuelta a la tortilla diciendo que desde los 70, EEUU ha bloqueado más resoluciones del Consejo de Seguridad que nadie, y después le siguen UK, Francia y la URSS. Sea como fuere, el caso es que EEUU hizo todo lo posible para cerrar cualquier salida diplomática, sobre todo después de comprobar que las sanciones tan estrictas que logró arrancarle a la ONU estaban finalmente funcionando. Se enviaron muchas fuerzas a la zona con el único fin de evitar "que Irak saliera de Kuwait por medios pacíficos." Los verdaderos intereses eran petrolíferos, pero una vez asegurados, volvieron a prestarle apoyo a Saddam Hussein para que siguiera en el poder.

Según Chomsky, a EEUU le interesa atemorizar con el uso de la fuerza. Por supuesto que es más rentable usar otros medios, "el FMI es un instrumento más rentable que los marines y la CIA", pero el mundo debe saber que se la está jugando con alguien que no duda en mandarte unos matones a casa si no cedes a sus intereses. Solo cuando esos otros medios fracasan o cuando una negociación pacífica puede dar como resultado algo contrario a los intereses de EEUU, es cuando EEUU dinamita la negociación a punta de pistola.

¿ANTI-ESTADOUNIDENSE? ¿PRO-SOVIÉTICO? LA GUERRA FRÍA DESDE LA HONESTIDAD Y LA COHERENCIA


La guerra fría, a los ojos de Chomsky, parece haber sido una excusa perfecta que permitía a ambos bandos atemorizar internamente a sus propias poblaciones (rusa y americana) para mantenerlas sumisas y poder seguir en el exterior con sus respectivos status quo de poder imperial (países satélite y tercer mundo respectivamente). Nunca existió un peligro militar real, tal y como reconocen varias instancias de la época, pero si un peligro político que minase la estrecha y cerrada visión que la cúpula política quería que la población aceptase como única alternativa posible (en ambos lados del telón de acero).

En este libro, y antes del mismo, se ha referido a la URSS como dictadura, totalitaria, imperialista, malvada, brutal...etc. Pero como Chomsky ha sido infatigable denunciando a EEUU, la acusación más facilona es que es anti-estadounidense y que por tanto, apoyaba a la URSS y a todas las dictaduras enemigas de EEUU. Esto es tan absurdo como acusar a quien está en contra de la pena de muerte, de ser cómplice moral de los crímenes de los condenados a la pena capital. Tal y como he comentado en otras ocasiones, el trabajo que Chomsky se ha propuesto desde hace décadas, es denunciar la hipocresía e imperialismo de EEUU, y para ello analiza y compara las acciones de EEUU, pero ello no significa que aprueba otras atrocidades, ni las de la URSS ni la de los Jemeres Rojos, ni la de los nazis, etc... Quien conozca la obra de Chomsky sabrá que siempre encuentra un hueco para condenar a esos regímenes, pero que su énfasis se ciñe a EEUU. En algunas ocasiones ha dado explicaciones al respecto. En su libro "On power and ideology" (pág. 51), ya en 1986, comentaba por qué se centraba en la acciones de EEUU (la traducción es mía):

Mi preocupación es principalmente el terror y violencia que lleva a cabo mi propio país, por dos razones. En primer lugar, porque resulta que es el responsable de la mayor parte de la violencia internacional. Pero también hay una razón de mucho más peso que esa; y esta es que puedo hacer algo al respecto. Así que aunque EEUU fuera responsable del 2% de violencia en el mundo, en lugar de la mayoría de la violencia, sería de ese 2% del que yo sería responsable fundamentalmente. Y esto es un juicio ético bastante sencillo. Porque el valor ético de las acciones propias depende de lo anticipadas y predecibles que sean las consecuencias. Es muy fácil denunciar las atrocidades de los demás. Eso tiene tanto valor ético como denunciar las atrocidades que tuvieron lugar en el siglo XVIII.
 Lo que importa es que las acciones que son útiles y políticamente significativas son las que tienen consecuencias para los seres humanos. Y estas son en su gran mayoría aquellas sobre las que tienes alguna forma de influencia o control, lo que para mi significa, acciones americanas. Pero también estoy comprometido en protestar contra el imperialismo soviético, y explicar igualmente sus raíces en la sociedad soviética.

En otro libro, "The Washington connection and third world fascism", vuelve a tocar el tema, y lo relaciona con la responsabilidad de EEUU en generar otras violencias de terceros. Los mismos que apoyaron la invasión de Indochina y todas las salvajadas que EEUU cometió en la zona, después se apresuraron a criticar las atrocidades que esos pueblos salvajes cometieron con otros. Sin llegar a justificar a estos últimos, lo cierto es  que  no se hubieran producido de no haber intervenido EEUU. En la página 39 dice (la traducción es mía):

De hecho lo que dicen puede ser cierto, (aunque frecuentemente no lo es) pero apesta a hipocresía y oportunismo. Reaccionaríamos de la misma manera si un intelectual alemán que toleró o apoyó a Hitler expresase su indignación por las atrocidades cometidas por la resistencia francesa tras su liberación.

A mí me parece correcto y muy bien explicado, pero algunos, como Christopher Hitchens, insistieron en acusar a Chomsky de usar "equivalencias morales" cuando compara la acciones de EEUU con las de sus enemigos. Durante años Hitchens no dijo nada, mientras su entonces admirado Chomsky, usaba esas mismas comparaciones. El que cambió y dejó de verlas acertadamente, quizás por su lucha contra las teocracias musulmanas, fue Hitchens. En su momento ya profundicé en esta acusación, concluyendo que se trataba de mera propaganda estadounidense para no mirarse a sí mismo: no se trata, siguiendo el último ejemplo de Chomsky, de que Hitler y la resistencia francesa tuvieran la misma moral, sino que reconociendo los crímenes de ambas, no es de recibo que estemos permanentemente denunciando a los franceses y olvidando a los alemanes. Y ese es el escenario al que asistimos todos los días en los medios de comunicación, cuando olvidan los crímenes de EEUU, e incluso su responsabilidad como detonantes de otros crímenes que no habrían existido si EEUU no hubiese agredido a otros países.

Pero puestos a comparar, y nadie lo hace mejor que Chomsky, la URSS no queda peor parada que EEUU en cuanto a agresiones imperialistas externas (otra cosa sería si hablásemos de democracia interna, donde Chomsky concede a EEUU el puesto número uno del mundo, con el consiguiente enojo de toda la izquierda anti-imperialista).

Por el lado soviético, los hechos de la Guerra Fría consistieron en varias intervenciones dentro de Europa del Este: tanques en Berlín Oriental, Budapest y Praga. Esas intervenciones se dieron a lo largo de la ruta que se había usado para atacar y casi destruir Rusia tres veces en este mismo siglo. La invasión de Afganistán es el único ejemplo de intervención soviética fuera de esta ruta, aunque también sucedió en la frontera con la URSS.
Por el lado estadounidense, las intervenciones tuvieron lugar en todo el mundo. Esto refleja la posición de EEUU como la primera potencia verdaderamente global de la historia.
La dictadura soviética levantó un poco el pie del cuello de su población durante los 80. No es que se hubieran arrepentido, sino por meras necesidades internas, pero llegó incluso a pedir perdón "por el uso de la violencia en tiempos pasados". Hasta donde sabemos EEUU no ha hecho nada similar, aunque recuerdo cómo empezaba el documental "El golpe de EEUU a Irán", con Obama reconociendo la implicación de EEUU en el derrocamiento del gobierno democrático de Irán en 1953 (días después de la investidura de Obama, Ahmadijad le pidió que pidiese perdón por los crímenes de EEUU contra Irán). 
Una de las causas, según Chomsky, que propiciaron la Guerra Fría fue que con el nacimiento de la URSS, la clásica relación colonial que Europa Occidental guardaba con Europa del Este se vio interrumpida. Ahora que la URSS ya no está, Europa del Este vuelve a convertirse en presa de Europa Occidental, quien quiere convertirla en su patio trasero de mano de obra barata, al estilo de lo que hemos venido haciendo con el Tercer Mundo.

Cuando la guerra fría se acabó por el colapso de la URSS, EEUU se vio obligado a demonizar a otros enemigos para mantener viva la amenaza y el miedo necesarios para seguir controlando a su población.

Por lo tanto, ese temor  por nuestra existencia se desplazó hacia Kaddafi y sus hordas de terroristas internacionales, la isla de Grenada y su peligrosa base aérea, los sandinistas a punto de invadir Texas, los narcotraficantes latinos encabezados por el megalómano Noriega y, en general, hacia todos los árabes trastornados. En los últimos tiempos, el enemigo es Saddam Hussein, que cometió su único crimen (el de la desobediencia) en agosto de 1990.

Chomsky se podría ubicar dentro de los autores de izquierdas que han negado que la URSS representase de alguna manera un auténtico experimento socialista. Pero la ventaja de Chomsky sobre muchos de esos marxistas, es que lo hizo mucho antes de que cayera el bloque soviético. Su percepción es que las instituciones genuinamente socialistas que nacieron justo antes de la revolución rusa en 1917, como los consejos obreros, los soviets y otros órganos de control popular, fueron eliminados nada más alcanzar el poder los bolcheviques. Tanto a los dirigentes soviéticos como a los estadounidenses les venía muy bien que todo ese proceso histórico se identificase con el socialismo. Para la burocracia soviética era el pilar ideológico de su subsistencia y para Occidente era el ejemplo de que la única alternativa al capitalismo que se había podido idear era sinónima de tiranía estalinista. De esa manera, la caída de la URSS más que una prueba del fracaso del comunismo, fue una pequeña victoria del auténtico socialismo que nunca ha podido iniciar la construcción de un estado. Este juego de palabras se explica por el doble lenguaje que se ha instaurado en la historia oficial de los vencedores... y es que George Orwell está muy presente en estas líneas.

FALSO LIBRE COMERCIO

El libre comercio en estado puro no existe. El capitalismo actual subsidia a sectores imprescindibles para el desarrollo como las farmacéuticas, la biotecnología y otras industrias de alta tecnología. Es solo un constructo teórico que nadie se atreve a llevar a la práctica porque si de verdad fuera libre, si de verdad no hubiese grandes empresas que se benefician con patentes y con prácticas abusivas, si de verdad cayese el peso de la ley sobre todos con la misma fuerza, si de verdad se identificase las operaciones multinacionales como lo que son, operaciones dentro de una misma gran empresa con diferentes localizaciones y no intercambios en un mercado libre,... entonces los ricos y poderosos no podrían jugar nunca más con las ventajas que el estado les ha otorgado. En otras palabras, no es el mercado el que se regula a sí mismo, sino el estado que interviene para ayudar a los que más privilegios tienen, precisamente para que puedan seguir conservándolos. Pero de cara a la galería nos venden la moto de que es el mercado el que todo los dispone, y que no pueden intervenir para ayudar a los más necesitados porque estarían violando esa sacrosanta ley de que el mercado se regula a sí mismo, y eso nos traería la miseria, y en el peor de los casos el papá estado y el comunismo.

Lo que entendemos por libre empresa se refiere en realidad "a un sistema de subvenciones públicas y ganancias privadas, con una intervención estatal de gran magnitud en la economía a fin de mantener el estado del bienestar para los ricos." Es decir que el sistema que nos gobierna es intervencionista, pero se declara de libre mercado. Al igual que se llama democracia cuando en realidad son los intereses de los grandes negocios y otras élites los que nos dirigen, y nosotros los que ratificamos cada cierto periodo en procesos electorales. De nuevo Orwell.

Tal intervencionismo es un rasgo característico del capitalismo de estado, aunque la escala actual es inaudita. Un estudio de los investigadores en economía internacional Winfried Ruigrok y Rob van Tulder encontró hace 15 años que, al menos 20 compañías entre las 100 primeras en el ranquin de la revista Fortune, no habrían sobrevivido si no hubieran sido salvadas por sus respectivos gobiernos, y que muchas, entre las 80 restantes, obtuvieron substanciales ganancias por la vía de pedir a los gobiernos que "socializaran sus pérdidas", como hoy en el rescate financiado por el sufrido contribuyente. Tal intervención pública "ha sido la regla, más que la excepción, en los dos últimos siglos", concluían.

Este intervencionismo se hacía gracias al Pentágono, pero al desaparecer "el imperio del mal" las empresas siguen necesitando esa inyección de capital y ahora se tiene que hacer sin usar la máscara del Pentágono. El capitalismo que realmente nos gobierna no es capitalismo de verdad, debería llamarse "capitalismo de estado".

Lo mismo puede decirse  de otras sociedades industrializadas. El gobierno estadounidense hace que los ciudadanos paguen los proyectos de investigación y desarrollo, además de ofrecer, sobre todo a través del sector militar, un mercado estatal garantizado para los productos de desecho. Si un producto es comercializable lo absorbe el sector privado. Este sistema de subvenciones públicas y ganancias privadas es lo que se denomina libre empresa.
De esta manera, al igual que el experimento soviético tuvo poco de socialismo de verdad y sus principios teóricos y primeros ensayos fueron manipulados, el sistema neo-liberal actual tiene poco de capitalista y el nombre del padre del capitalismo, Adam Smith, se usó y se usa para dignificar este sistema que tenemos. Chomsky interpreta a muchos clásicos norteamericanos, defendidos por la clase dirigente, como si fueran unos revolucionarios izquierdistas (o que al menos, hoy en día, podrían ser considerados de izquierdas, anticapitalistas y/o críticos contra el poder) cuyo mensaje se ha pervertido: Thomas Jefferson, John Dewey y el propio Adam Smith también. Para una visión más profunda sobre lo que opina Chomsky de Adam Smith remito al lector a la última parte de mi reseña del libro de Matt Ridley "El optimista racional", y al post del profesor Gavin Kennedy, especialista en Adam Smith, y con el que intercambié algunos comentarios (en inglés) que se pueden ver en su blog. Creo, humildemente, que terminé demostrando que el profesor Kennedy se equivocó con respecto a Chomsky, al menos en lo que se refiere a ese post.


POCOS PRÓSPEROS, MUCHOS DESCONTENTOS

Sea como fueren estas cuestiones académicas, y a pesar de criticar el capitalismo realmente existente, pareciera que todavía encuentra ejemplos de capitalismo que aportan mejoras al sistema. Hablo del caso de Corea del Sur, aunque a mí me parece algo confuso:
"En Corea del Sur el problema no existe, porque aplican la pena de muerte en los casos de fuga de capitales. Como cualquier sistema sensato de planificación económica, el de ellos usa el modelo del mercado para la distribución de los recursos, pero con una dirección centralizada de la economía."
Pero el problema que tendría EEUU para convencer a su pueblo de políticas más intervencionistas (más de lo que ya son realmente, pero con un enfoque más social) es que son muy individualistas y no les gusta obedecer. Si a ello le sumamos que la izquierda es muy local y con poca visión global, que los trabajadores no están tan organizados como en Europa y que el aparato propagandístico es enorme, el resultado es una cuesta muy inclinada incluso para una pequeña dosis de intervencionismo social. Los inversores tienen la sartén por el mango y condicionan las políticas sociales, si queremos quitarles ese poder necesitamos cambios revolucionarios, no podemos esperar a que ellos abdiquen. No habla de violencia, pero si de cambiar los ideales y movilizarse.

POBREZA EN EEUU, SUPERPOBLACIÓN Y AYUDA ECONÓMICA

Los datos me parecen sorprendentes, suenan a propaganda de la guerra fría, pero los baraja tanto David Barsamian como Chomsky: "unos 30 millones de estadounidenses viven en condiciones de inanición extrema". Y según The Lancet, "el 40% de los niños neoyorkinos viven por debajo de la línea de la pobreza" y padecen desnutrición. El New England Journal of Medicine publicó que "entre los hombres de raza negra que viven en Harlem, se observa la misma tasa de mortalidad que en Bangladesh".

Ante la sugerencia de  controlar la población, Chomsky contesta que aunque hay un problema de distribución de alimentos (no de escasez) él apoyaría medidas para el control de la población, en concreto aumentar el nivel económico. Y deduzco de sus palabras, que coincide en algo más que su posición anti-patentes con Mat Ridley, y es que la ayuda económica no sirve de nada:
La asistencia económica de Estados Unidos entraba a chorros. Al año siguiente, Grenada ya constaba con el mayor índice per cápita de ayuda en el mundo, junto con Israel, que está en otra categoría. Pero finalmente fue un desastre total. La sociedad se sumergió en una crisis profunda. Lo único que funciona en la isla son las operaciones de lavado de dinero para el narcotráfico.
CUANDO LA DOBLE MORAL SE VUELVE CONTRA CHOMSKY

Si tuviese que sintetizar en pocas palabras lo que hace Chomsky, diría que denuncia la doble moral que usan los poderosos, en concreto EEUU. Sin embargo en este libro he podido encontrar un par de ejemplos en los que a Chomsky no le ha gustado cuando otros han denunciado una doble moral.

En el primer caso se trata de Arkan, un criminal de guerra según EEUU, que se dedicaba a matar a civiles en Bosnia. Cuando se le dijo que era un criminal de guerra, Arkan dijo que en EEUU había muchos criminales de guerra. Chomsky le da la razón, "aunque eso no lo absuelve para nada, por supuesto".

En la segunda ocasión, se muestra más molesto:

Hace poco escuché una entrevista en la BBC s Steven Solarz [ex representante demócrata de Brooklyn en la Cámara Baja]. Según él, el mundo tiene una doble moral: cuando se expulsó a 700.000 yemenitas de Arabia Saudí, nadie dijo nada (lo que es verdad),  pero ahora quieren deportar  a 415 palestinos de Gaza y Cisjordania, y todos ponen el grito en el cielo.

Los estalinistas decían lo mismo: "Cuando exiliamos a Sakharov, todo el mundo puso el grito en el cielo, pero ¿qué dicen de estas otras atrocidades, que son peores?". "Siempre hay alguien que cometió una atrocidad peor." Es natural que un imitador de los estalinistas como Solarz use el mismo argumento.

En otra variante, que no parece ser un fallo de traducción sino debido a algún texto truncado o refundido, que ya nos advertía Barsamian que era su libro, la argumentación sigue de manera ligeramente diferente [mi traducción]:

In fact, as Solarz knows, Israel is treated with a very gentle hand, and the expulsion of Yemenis was part of the propaganda build-up for the war in the Gulf, hence acceptable.

[De hecho, tal y como sabe Solarz, a Israel se le trata muy suavemente, y la expulsión de los yemenitas era parte de la propaganda que se fabricó para la guerra del Golfo, por tanto aceptable.]
Quizás lo que Chomsky no soporta es que le inviertan los términos de las comparaciones; denunciar una doble moral es procedente cuando quien sale peor parado de la comparación es el más poderoso, no el más débil (en este caso los palestinos).


GANDHI SOBRE EL HOLOCAUSTO Y LA RESPONSABILIDAD DE LOS COLONIZADORES

Chomsky pone en duda que lo que predicaba Gandhi sobre la no violencia sea un principio absoluto. Asume como positivo algunos planteamientos de Gandhi sobre desarrollo local y proyectos comunales, pero con respecto a la no violencia apenas la analiza. Lo que Chomsky pone en duda fue las declaraciones de Gandhi con respecto a lo que podían hacer los judíos frente al holocausto que se les venía encima: cometer un suicidio colectivo para llamar la atención sobre lo que estaba haciendo Hitler. Chomsky duda de tan radical medida, no solo como principio, sino como táctica eficaz, y además, considera de mal gusto recomendarle a alguien como poner el cuello para que le corten la cabeza. Piensa que sería mucho más útil emplear otras tácticas no violentas contra los agresores, en la línea de Dave Dellinger a quien sí parece admirar realmente. Sería interesante saber qué opina sobre los logros que Gandhi obtuvo con sus tácticas no violentas. "No sabría muy bien cuál es mi opinión sin analizar más en detalle lo que hizo y lo que logró", es lo todo lo que se atreve a decir al respecto.

La táctica del imperio británico en la India, al igual que otros imperios por todo el mundo, es dividir a la población ocupada de un país con recursos para saquearlo con la ayuda de los colaboracionistas. Aunque en teoría eran partidarios del libre comercio, ahogaron a la India y sus fábricas porque eran mejores que las inglesas. Básicamente destruyeron la competencia de la colonia. Pero a pesar de que hundieron a un país en una desindustrialización que antes había sido uno de los sitios más ricos del planeta, Chomsky no está de acuerdo del todo en culpar al 100% a los imperios invasores de todas las tragedias que suceden en los territorios ocupados, como se suele argumentar a menudo desde dichos territorios. Defiende que la responsabilidad por algunas tragedias, como la muerte por hambre, puede ser algo más complejo, y no es cierto que fuera un lugar pacífico antes de la colonización. "Sin embargo, no cabe duda de que los europeos elevaron los niveles de violencia considerablemente en casi todos los sitios donde fueron."

Japón logró rechazar el ataque casi por completo y, por eso, es la única zona del Tercer Mundo que se desarrolló. Es llamativo. La única parte del Tercer Mundo que no fue colonizada es también la única parte que se sumó al mundo industrializado. No es casualidad. Para comprobar esto, sólo hace falta observar cuáles son las partes del Europa que sí fueron colonizadas. Esos países, como Irlanda, se parecen bastante al Tercer Mundo. Es llamativo cómo se repite el modelo. Entonces, cuando la gente del Tercer Mundo culpa por sus males a la historia del imperialismo, tienen argumentos muy sólidos.

RACISMO 

Sorprendentemente Chomsky opina que el racismo es mayor en Europa que en EEUU. La dictadura soviética pudo sofocar la libertad, pero en su sueño igualitario (que diría Goldhagen) también frenó el racismo. Una vez se esfumaron los controles, la Europa problemática de la que los americanos huyeron en sus comienzos, empezó a supurar racismo, particularmente la zona oriental, aunque pone de ejemplo a España que ejerce de vigilante de la frontera europea.

El racismo es producto de la opresión y las conquistas, y no tanto del sistema económico como dirían los marxistas. El racismo necesita justificarse encontrando monstruos que justifiquen precisamente un comportamiento monstruoso. Pero en el fondo, sí hay algo de marxismo en el racismo de clase que Chomsky ve que existe: apoyándose en un estudio de Vicenç Navarro justifica que las diferencias entre negros y blancos son de clase más que de raza. Estos estudios encuentran muchos problemas a la hora de publicarse porque en EEUU solo hay dos grupos que se quieren arrogar el derecho a identificarse como clase, y son los empresarios y los burócratas. La clase trabajadora debe seguir pensando que forma parte de una unidad indisoluble y solidaria que trabajaba para el interés del pueblo en abstracto. De lo contrario podrían adquirir una fuerza indeseada que cuestionase a los que realmente dirigen el país.

El racismo, el machismo, la homofobia etc... son asuntos que merece la pena superar, y que en el día a día, es posible que sean más relevantes para los afectados que la opresión de clase. Pero el hecho es que al sector empresarial no le importa aplicar medidas antidiscriminatorias siempre y cuando dejen al sistema con el mismo balance de poder. Son, desde ese punto de vista, peccata minuta.

Chomsky es bastante escéptico sobre el debate entre lo innato y lo cultural, cree que son incógnitas que todavía pueden dar mucho de sí, y cree que hay algo que nos fuerza a inventarnos justificaciones sobre lo que hacemos y quienes somos. La necesidad de defender nuestra imagen nos hace fabricar enemigos, y de ahí nacen las diferencias que se usan para discriminar racialmente. Otro aspecto que discute de la naturaleza humana es la competitividad. En algunos momentos sentimos la necesidad de compartir y compartimos, pero en otros nos mostramos altamente competitivos. Tenemos ambas posibilidades, pero las circunstancias nos hacen actuar de una manera o de otra. La clave estar en cambiar las condiciones. Pone de ejemplo el boxeo en su adolescencia, cuando le asaltaban ganas de matar a su contrincante aunque no fuese su mejor amigo y él no fuese un chico violento. La clave es intentar que la sociedad viva de manera más humana, pacífica y cooperativa, evitando esas situaciones tensas que pueden sacar lo peor de nosotros. La violencia tampoco es genética. La violencia juvenil golpea mucho más a los pobres que a los ricos, y no hablamos de EEUU y Somalia; dentro de EEUU la diferencia también es marcada, lo cual demuestra que el contexto cultural ejerce una potente y perniciosa influencia.

RELIGIÓN EN EEUU

La religión políticamente organizada podría ser un serio problema en EEUU. Por ahora siguen dirigiendo el país el sector empresarial, y todas las chorradas y discursos encendidos sobre la familia y la patria cristiana no llegarán  a cambiar el sistema. Pero debido a la cantidad de ignorancia que la religión promociona (la mayoría de los americanos cree en los milagros, en el diablo [el 75%], que el mundo ha sido creado hace unos miles de años, y no cree en la evolución darwiniana), y a que la gente encuentra pocas opciones cuando está perdida, la religión podría convertirse en un peligroso detonante que fuera difícil de parar. Chomsky piensa que el grado de fanatismo religioso es comparable al de Irán y compara los discursos republicanos sobre dios y patria, con los que daba Hitler.

Pero valora muy positivamente a religiosos, como a los jesuitas de Latinoamérica que se opusieron al poder pagando las consecuencias, o a los cuáqueros, a los que considera "personas muy honestas y decentes, y de lo más valientes que he conocido. Hemos pasado muchas situaciones juntos, hemos ido juntos a la cárcel y nos hemos vuelto amigos."

OPTIMISMO Y ACTIVISMO

Pese a todo lo que critica a EEUU, y al poder en general, las sociedades han cambiado para mejor sin ninguna duda. La libertad de expresión y de prensa, la participación política, las condiciones laborales el sistema sanitario etc...Todo son avances que nos empujan a pensar que también es posible superar las dificultades actuales, por muy invencibles que nos parezcan. Y todos esos logros han sido gracias a que existió un movimiento popular detrás. La paradoja de Hume explica que "el pueblo se somete a los gobernantes en todas las sociedades, aunque la fuerza siempre está en manos de los gobernados."

En última instancia, los gobernantes sólo pueden gobernar si controlan la opinión popular, por más armas que tengan. Según Hume, esto se da tanto en las sociedades más despóticas como en las más liberales. Si la población no acepta las cosas, los gobernantes están perdidos.

El gran dilema que se le presenta al ciudadano es elegir entre una opción individualista o de supervivencia, y otra opción de compromiso colectivo por el cambio. Pero para que la lucha por un mundo mejor nos de los frutos deseados, tenemos que ser muchos los que nos organicemos, aunque sea de diferentes maneras. Intentar epopeyas individuales a lo sumo puede reconfortar el espíritu, pero no sirve de mucho. Pero incluso cuando nos organizamos y actuamos conjuntamente contra la dominación, es posible que obtengamos menos beneficios que el que decidió medrar de acuerdo al sistema de explotación. Los costos, por ejemplo en términos de despido u ostracismo, que se pueden cosechar al oponerse al sistema son grandes, y es una decisión muy personal valorar si merece la pena o no.  Y sin embargo, el mundo ha avanzado apostando de manera valiente, casi temeraria, por la opción más comprometida.

Digamos que yo soy el padre o madre en una familia. [...] ¿Qué hago?
Por un lado, puedo tratar de congraciarme con mi jefe para ver si logro que me paguen un dólar más por hora. O puedo pasar por al lado de alguien que está peor que yo y darle una patada [...].
Ésa es una opción.
Pero, por otro lado, también puede dedicar mi tiempo libre a organizar a otras personas que a su vez concurran a reuniones, participen en manifestaciones y se comprometan a luchar aunque la policía las reprima o pierdan el trabajo. Es posible que a la larga se reúna tanta gente en torno a esa causa que se obtenga algún beneficio, mayor o menor que el beneficio obtenido  tomando la opción individualista.
[...]
Lo mismo vale para todos los movimientos populares que hayan existido. Pensemos por ejemplo en un joven negro de 20 años durante la década del '60 en Atlanta. Las opciones eran dos. Por un lado, podía buscarse trabajo en alguna empresa donde estuvieran dispuestos a contratar a un gerente de su raza, siempre y cuando se mostrara humilde y servicial. Tal vez así hasta podía llegar a vivir en una casa de clase media. Por otro lado, podía sumarse al SNCC [el Comité Coordinador de Estudiantes por la No Violencia, un grupo de defensa de los derechos civiles que funcionaba en esa época]. En ese caso, era probable que lo mataran. Como mínimo, lo iban a golpear y calumniar. Iba a llevar una vida difícil durante mucho tiempo, pero tal vez así iba a lograr, con el paso del tiempo, un nivel de apoyo popular suficiente para que las personas como él y su familia pudieran vivir mejor.
Dadas las alternativas posibles, elegir la segunda opción sería difícil. La  sociedad está estructurada para impulsarnos a optar por la alternativa individualistas. Es muy notable que tantos jóvenes hayan elegido la segunda opción, hayan sufrido por ella y hayan logrado finalmente que el mundo sea mucho mejor.

A pesar de párrafos como éste, nada nuevo en su discurso desde hace décadas, Matt Ridley piensa que Chomsky es un cenizo pesimista, aunque en mi humilde opinión éste es el sabor agridulce del realismo, el de un verdadero "optimista racional".

COMIDA ORGÁNICA

Considera que el tema de la alimentación es un tema importante que debe apoyarse, aunque se muestra escéptico cuando se le pregunta si el cáncer tiene algo que ver con los aditivos y conservantes que se usan en los productos de consumo de masas: ignora la importancia del factor y no se pronuncia. No cae en la glorificación de lo natural que los partidarios de la comida orgánica predican.

DROGAS Y ARMAS

Las conocidas como drogas duras son sustancias muy nocivas, pero no son peores que el tabaco o el alcohol que causan mayores daños a la sociedad y producen más muertes. Por cierto, Barsamian le inquiere en varias ocasiones sobre la presión contra los fumadores, pero el lingüista no parece seguirle la corriente y admite que aunque no es partidario de las prohibiciones, no le parece mal que haya cierto control sobre esta sustancia. La guerra contra la drogas, contra algunas drogas, ha sido a menudo una efectiva cortina de humo para desviar la atención sobre los problemas reales que hacen a la gente más pobre y más controlada.

Eso no implica que el "consumo de sustancias nocivas" no constituya un problema grave. Cuando se lanzó la campaña contra el narcotráfico, la cantidad de muertes anuales por consumo de tabaco rondaba las 300.000 víctimas, con otras 100.000 atribuibles al consumo de alcohol. Pero éstas no son las sustancias que combate el gobierno de Bush. El objetivo son las drogas ilícitas, que en ese momento se cobraban muchas menos víctimas (unas 3.500 por años, según los datos oficiales).

Muchas de las muertes derivadas de las drogas son por armas de fuego que pueden llevar legalmente gracias a la II Enmienda (mal interpretada según Chomsky). El argumento de EEUU para permitir llevar armas es que los ciudadanos puedan defenderse de algún enemigo, incluso interior, y actualmente los defensores de las armas viven en la creencia de que el enemigo es el estado central. Algunos piensan que es la ONU la que invadirá EEUU para imponer un sistema pseudo-soviético. Todo esto en Europa causa risa pero se toma muy en serio por algunas milicias que no saben ver que si hay alguna estructura totalitaria con intenciones de afectar a sus vidas, no es el estado sino las grandes empresas que nunca les dejaran cambiar el sistema en el que viven.
En cuanto al uso de armas como método para responder a todo esto, me parece delirante. Primero y principal, no vivimos en un país débil del Tercer Mundo. Si la población tiene pistolas, el gobierno tendrá tanques de guerra. Y si la población consigue tanques, el gobierno tendrá armas nucleares. No hay modo de resolver estas cuestiones mediante el uso de la violencia, ni siquiera en el caso de que uno lo considere legítimo desde el punto de vista moral.
Que los ciudadanos estadounidenses porten armas no implica que el gobierno vaya a ser más bondadoso. Más bien implica que tendremos un país más brutal, despiadado y destructivo. Por lo tanto, si bien puedo reconocer las motivaciones de algunas personas que se oponen al control de armas, considero que lamentablemente están mal fundadas.

MOVIMIENTO OBRERO, PROGRESO, DESIGUALDAD Y AUTORIDAD LEGÍTIMA

Sería muy conveniente, hablando de EEUU, que el movimiento obrero se reorganizase política y sindicalmente. Los sindicatos están ligados a profesiones y no a la clase, lo cual hace que sus logros no sean tan generales como los que se consiguen en otros países.

Los trabajos están sufriendo una tercermundización. Desde los 60 los salarios son menores. A partir del 87 se bajaron incluso los salarios de los universitarios. La creciente flexibilización laboral significa en realidad inseguridad laboral.

La globalización está trasladando fábricas a países con salarios menores, y dejando a mucha gente en el paro, y los empresarios globalizadores se muestran muy orgullosos de darles empleo y sueldo a los trabajadores de los países pobres, pero si realmente tuviesen alguna motivación o preocupación por ellos, deberían invertir en mejorar sus condiciones laborales, al menos al mismo nivel que tienen los trabajadores del primer mundo. Mostrarse orgulloso por dar migajas es ser un poco sinvergüenza, aunque esas migajas sean panes para los más desfavorecidos. Pero no nos engañemos, Chomsky no es un purista y no rechaza pequeñas concesiones o a las empresas "socialmente responsables", simplemente nos advierte que el objetivo es mucho más ambicioso y a largo plazo. No deben rechazarse las migajas si sirven para aspirar a un pan entero.

Las pequeñas concesiones están muy bien. Gracias a ellas, es posible que las personas del Tercer Mundo sufran un poco menos y las personas de aquí vean que el activismo puede servir para algo, lo que las inspirará a seguir presionando. Ambos resultados son positivos. A la larga, se llegará a un punto en que nos preguntaremos por qué tenemos que pedirles concesiones, por qué están ellos en el poder y para qué necesitamos un rey.
Esto nos llevaría a una temprana constante chomskiana, y es el cuestionamiento de toda autoridad. Prácticamente toda autoridad tiene el deber de justificar su posición. Es muy posible que el que detenta la autoridad lo haga legítimamente, pero la carga de la prueba siempre recae en quien ejerce la autoridad, nunca debe darse por sentada y siempre debe ser cuestionado y revisado. Es un sano ejercicio democrático. Pero, de nuevo, no se vislumbra ningún acto de fe doctrinal, y comprende que se use al estado aún cuando la intención ultimísima sea su desaparición. A este conclusión práctica llegaba cuando debatía con anarquistas brasileños que advertían que si eliminaban el gobierno, serían las tiranías privadas las que se harían cargo del estado, y éstas son mucho peores. "Por lo tanto hay que hacer uso del Estado, aunque uno sepa todo el tiempo que, a la larga, desea eliminarlo.

No sé qué opinaría Matt Ridley del siguiente párrafo, pero no parece que en épocas recientes el trabajador haya ganado muchas de esas unidades de tiempo u ocio que el científico británico considera como verdaderas medidas del progreso:

Además de haberse congelado los salarios reales, las condiciones de trabajo también empeoraron mucho. Eso se advierte con sólo contar la cantidad de horas que se trabaja. Una economista de Harvard que se llama Julie Schor publicó un libro importante sobre este tema hace un par de años, con el título "La excesiva jornada laboral en Estado Unidos". Si mal no recuerdo las cifras que reproduce, hacia 1990, cuando se escribió el libro, los empleados estadounidenses tenían que trabajar un promedio de seis semanas adicionales por año para mantener el mismo nivel salarial que en 1970, en términos de salarios reales.
Muy oportunamente, Barsamian le hace una pregunta sobre el balance global del mundo en términos de desarrollo e igualdad que yo mismo había pensado hacerle al propio Chomsky. Y es que desde que leí "El Optimista Racional" he buscado alguna opinión de Chomsky al respecto de los datos de progreso que aporta Ridley, sin éxito por supuesto. Barsamian no menciona a Matt Ridley, pero le pide a Chomsky que concilie dos datos dispares: de una parte el crecimiento extraordinario del mundo tras la Segunda Guerra Mundial, y de otra la penosa situación latinoamericana:

"en comparación con las estadísticas de hace veinte años, en América Latina actualmente hay 7 millones de personas más que pasan hambre, 30 millones de personas más que son analfabetas, 10 millones de familias más que no tienen un techo y 40 millones de personas más que no tienen trabajo. En América Latina hay 240 millones de seres humanos que no tienen cubiertas sus necesidades básicas, aunque la región tiene más riqueza y estabilidad que nunca, según la ve el mundo". ¿Cómo se pueden conciliar esas dos declaraciones?
[...]
Lewis tiene razón: se observa un crecimiento muy importante en todo el mundo. Pero al mismo tiempo, se ven niveles de pobreza y de miseria que resultan increíbles y que vienen aumentando cada vez más. Si comparamos los porcentajes de la riqueza mundial que detenta el 20% más rico de la población y el 20% más pobre, veremos que la brecha se profundizó considerablemente en los últimos treinta años. Si comparamos los países ricos con los países pobres, veremos que prácticamente se duplicó. Si comparamos las personas más ricas con las más pobres dentro de un mismo país, veremos que se incrementó muchísimo más y que hoy es mucho más honda. Esta es la consecuencia de un tipo particular de crecimiento.
[...] John Eatwell, uno de los principales  especialistas en cuestiones financieras de la Universidad de Cambridge, calculó que en 1970, el comercio y las inversiones a largo plazo, dos actividades más o menos productivas, representaban cerca del 90% de los capitales internacionales, con apenas un 10% para la especulación. En 1990, esas cifras ya se habían invertido.
Pero como se concilia esto con los datos de progreso del "optimista racional" según los cuales, y perdón por citarme a mí mismo:

Aunque haya gente muy pobre, incluso con una pobreza inimaginable en la Edad de Piedra, lo cierto es que en términos globales la población mundial es más rica, come mejor, muere más tardíamente, son más listos, etc... La pobreza en los últimos 50 años ha disminuido más que en los últimos 500 años. Y todo eso aún teniendo en cuenta que la población mundial se duplicó, y que la mejora no es una media estadística que deje de lado a los países pobres, porque fueron estos precisamente los que aumentaron su nivel de consumo a un ritmo que duplicaba el crecimiento de los demás países (de 1980 a 2000).
De manera que eso de que los ricos son más ricos, mientras que los pobres son más pobres no sería cierto. Todos son más ricos. Lógicamente este escenario global sí es una media estadística que no hará mucha gracia a los pobres que quedan por debajo. Pero la clase media de 1955 sería hoy descrita como por debajo de la línea de la pobreza. Los pobres de hoy en día gozan de comodidades y oportunidades que serían la envidia de la clase media de antes: "el 99% tiene electricidad, agua corriente, retretes conectados al alcantarillado y un refrigerador; el 95% tiene televisión, el 98% teléfono, el 71% automóvil y el 70% aire acondicionado."
Chomsky dice haber oído en la BBC que "los niños de los hospicios ingleses tenían hace cien años un mejor estado nutricional que los millones de niños pobres que viven hoy en Gran Bretaña". Si a datos de este tipo le sumamos que un 5% de la población mundial consume el 40% de los recursos mundiales... considero que aquí hay realmente un problema de fuentes que debería clarificarse.

MEDIO AMBIENTE Y ENERGÍA NUCLEAR

Sobre el medio ambiente tengo la impresión de que Chomsky no se prodigó demasiado hasta hace algunos años. Yo al menos no he encontrado polémicas ecológicas en sus citas, más allá de 2010 aproximadamente. Seguramente se deba a que prefiere mantenerse lejos de la jerga científica que a menudo se maneja. Pero sus declaraciones más recientes sobre el calentamiento global señalan que aunque reconoce que algunos de los negacionistas puedan ser científicos serios, el hecho es que la mayoría de la comunidad científica nos advierte del peligro del calentamiento global. Y denuncia que hay un gran grupo de "escépticos climáticos" que los medios mantienen al margen del debate, y son precisamente los que estiman desde el mismo MIT donde Chomsky trabaja, que las predicciones del IPCC se quedan cortas. También denuncia que cierto tipo de prensa ha tenido un éxito relativo a la hora de convencer al público de que el cambio climático no es debido a la acción del hombre.

Aún así, en 1994, año de publicación de "Secretos, mentiras y democracia" que se incluye en este libro, vaticinó una catástrofe ecológica inminente en China y Tailandia. Todo indica que aquí se equivocó y que su pronóstico catastrófico pasó a engrosar la lista de vaticinios fallidos de los que se burlaba Ridley en su libro. En cambio su posición con respecto a la energía nuclear es más cautelosa, y reconoce que necesita reflexionar sobre el asunto, ya que si la alternativa son los hidrocarburos quizás la nuclear no esté mal del todo.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Pero sus diagnósticos tan negros en medioambiente o en política exterior, no están reñidos con una visión históricamente positiva en muchas materias. Los medios de comunicación son sorpresivamente uno de esos casos. Él declara no ser admirador de los medios actuales, pero sí cree "que son mucho mejores y más abiertos que hace treinta o cuarenta años." En contrapartida, también recuerda una época anterior, donde el movimiento obrero tenía unos 800 periódicos con 20 o 30 millones de ejemplares semanales "que se dedicaban a luchar contra la prensa comercial".

La peculiar y famosa crítica chomskiana a los medios de comunicación la dio a conocer en su libro "Los guardianes de la libertad" ("Manufacturing Consent" en inglés). Según Chomsky los grandes medios de comunicación son empresas, que como cualquier otra venden un producto a unos compradores. Pero el producto no son los periódicos ni los programas de televisión. El producto son los mismos espectadores, el acceso a audiencias de espectadores. ¿Entonces quienes son los compradores? Los anunciantes. Porque la publicidad es el verdadero negocio y el acceso al público es el producto.

Por lo tanto, tenemos grandes empresas que venden espectadores relativamente privilegiados y adinerados a otras empresas. No es de extrañar, entonces, que la imagen del mundo presentada en estos medios refleje los intereses y valores limitados y parciales que caracterizan a los vendedores, los compradores y el producto.
Obviamente, el resultado no es una homogeneidad absoluta. [...] Y algunas veces, la integridad profesional y la decencia interfieren con la misión general de los medios. [...]
Sin embargo, estos medios masivos son apenas una parte de un sistema de adoctrinamiento más amplio, junto con las revistas de opinión, las facultades y universidades, las publicaciones académicas, etcétera. [...]

Este aparato de propaganda no está necesariamente tutelado y teledirigido, sino que la censura está interiorizada gracias a una serie de filtros que permiten medrar dentro del sistema. Todavía recuerdo cuando Andrew Marr de la BBC le espetaba a Chomsky que cómo sabía que él se autocensuraba, a lo que Chomsky le respondía: "estoy seguro de que usted cree todo lo que dice; lo que digo es que si usted creyera algo diferente, no estaría sentado donde está". La entrevista se puede ver en youtube con subtítulos míos.

Teniendo en cuenta lo anterior, el sistema "apunta" a dos colectivos, el primero es la clase política, aproximadamente un 20%.
Por otro lado, está el 80% restante de la población. Sus integrantes son los "espectadores de la acción" que componen el "rebaño desconcertado", como lo llama Lippmann. Su función es cumplir órdenes y no molestar a las personas importantes. Ellos son el objetivo de los verdaderos medios masivos: los diarios sensacionalistas, las comedias televisivas, las finales de fútbol americano, etcétera.
Los sectores masivos  del sistema de adoctrinamiento sirven para distraer a la plebe y fortalecer los valores sociales básicos, entre ellos, la pasividad, la sumisión ante la autoridad, la virtud superior de la codicia y el beneficio individual, la falta de interés por el prójimo, y el temor a los enemigos reales o imaginarios. La meta es que el rebaño desconcertado no deje de estar desconcertado. Es innecesario que sus integrantes se preocupen por lo que pasa en el mundo. Es más, resulta indeseable. Si se dedican demasiado a mirar la realidad, es posible que se propongan cambiarla.
Chomsky dice no estar en contra de los deportes, y que le gusta mirar un buen partido de baloncesto, pero no deja de reconocer que la histeria colectiva generada por estos espectáculos produce efectos estupidizantes y televidentes "pasivos, obedientes, aislados de los demás, que no pueden cuestionar nada y que son fáciles de controlar y disciplinar", además de varias actitudes machistas y reaccionarias. A los amantes de Teledeporte les puede sentar mal, pero la lección de "pan y circo" no la inventó Chomsky.

Defiende que la telebasura existe no porque sea lo que el público pide, sino porque es lo que le dejan ver. Se remite a un caso en Brasil donde la gente se reunía en torno a una gran pantalla para ver otras cosas que no fueran las telenovelas de los canales comerciales. Me parece un argumento muy débil para dar por cerrado el debate de si el responsable de los contenidos es la TV o el propio público. No obstante piensa que "la mejor defensa contra la democracia es distraer al pueblo". Pero, aún así, se resiste a condenar la TV, y  se muestra comprensivo con los padres que apenas tienen tiempo de tratar a sus hijos por todas las horas que trabajan a la semana, y hacen de la TV una niñera.

El origen de las radios en EEUU es muy interesante y singular. No quiero extenderme, pero básicamente cuando se inventó la radio todo el mundo excepto EEUU optaron por la titularidad pública, asegurando un plus democrático (si el país era una democracia, su radio también sería en buena parte algo democrática). Sin embargo en EEUU, no solo se consiguió que el sector privado controlase la mayoría de las radios, sino que se consiguió convencer a la población que mediante esa cesión, las radios eran más democráticas porque así la gente podría "elegir entre distintas opciones según la lógica del mercado." Pero, según Chomsky, tener muchas opciones mediáticas privadas no es más democrático que tener una pública porque las opciones que te dan son limitadas e interesadas. Personalmente no tengo claro que la opción pública sea garantía de nada.

Después de despedir el libro como suele despedir sus charlas y conferencias, haciendo un alegato a la utilidad de los movimientos sociales del pasado y sus logros, y por tanto, animando a los presentes a seguir el ejemplo del compromiso, el profesor Chomsky nos regala dos párrafos impagables.

En el primero y parafrasenado a su amigo Howard Zinn, aconseja no hacer la revolución en solitario, organizarse y armarse de paciencia, ya que los grandes cambios vienen poco a poco. "No tiene sentido exponerse y exponer a los demás cuando no se cuenta con una base social para proteger los logros obtenidos."

En el segundo nos cuenta que en la sociedad intelectual pasa como en la Biblia, había dos tipos de intelectuales (profetas), los que aplaudían o se sumaban a los designios del poder, y los que se oponían. Estos últimos son los que ahora se llaman intelectuales disidentes. A pesar de su clásica aversión a que le llamen intelectual (ya que detesta a la clase intelectual por ser cómplice del poder) o heroe o profeta de ningún tipo (porque cree en la acción colectiva de la base y no en el liderazgo), creo que él se incluiría en esta última categoría, y el párrafo que sigue da cuenta de la soledad que una periodista nos contase hace años.

Los miembros de la población en general también odiaban al profeta verdadero, porque tampoco querían saber la verdad. No es que fueran malas personas, pero tenían los motivos de siempre: pensaban en sus intereses inmediatos, eran manipulados y dependían de los poderosos.

 E N L A C E S

Ví llorar a Noam Chomsky: emotivo artículo que nos muestra el corazón de la máquina.

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