jueves, 19 de marzo de 2015

"EL CAPELLÁN DEL DIABLO" Richard Dawkins (2003)


Richard Dawkins repite en mi blog, pero con una obra menor en comparación con su archiconocido "El Espejismo de Dios". En esta ocasión se trata de un libro recopilatorio de artículos, que tienen menor entidad, pero que el autor considera acertadamente que suponen una ampliación, y a veces una novedad de su pensamiento.


RELATIVISMO, GRADUALISMO Y ESPECISMO
Paulatinamente, los logros científicos han hecho que otros campos del conocimiento hayan perdido legitimidad, y en ocasiones, estos han pasado al contrataque. Dawkins se enfrenta a algunas corrientes filosóficas que tratan de minimizar el papel de la ciencia. "Nadie está en posesión de la verdad", o "no existe la verdad absoluta" son dos máximas que política, social y filosóficamente son de sentido común. Pero cuando bajamos al terreno de la realidad que nos rodea, usar ese relativismo para negar incluso el conocimiento científico más elemental que conocemos es un vergonzoso despropósito. De todas las verdades, todos los tipos de verdades que se pueden defender, la verdad científica es la única que asiste a todas las demás, que a su vez están insertas en un mundo actual que se sostiene gracias a la ciencia. Es más, según Dawkins, es el único tipo de verdad, que una vez se le da a conocer a los que solo conocían un único tipo de verdad, más adeptos atrae. Cualquier relativista cultural puede coger un micrófono y cantar "su verdad" a los cuatro vientos, pero eso no esconde el hecho de que lo puede hacer gracias a que alguien inventó el micrófono.

La crítica de Karl Popper es diferente, ya que se apoya en la provisionalidad de la ciencia para presentar sus verdades. Muchas verdades científicas se han corregido posteriormente, lo que lleva al filósofo a concluir que toda verdad científica puede ser refutada en la próxima revolución científica, y que lo que ahora consideramos verdadero, mañana puede ser falso. Aunque Dawkins lo diferencia del relativismo cultural, a mi me parece tan solo una derivación del mismo. Porque al fin y al cabo, esa provisionalidad, para ser coherentes, deberíamos predicarla de todo lo que conocemos. Los sentidos nos engañan a menudo, y aunque existen muchos efectos ópticos, nunca dejamos de abrir bien los ojos cuando conducimos un vehículo. El hecho de que podamos descubrir una realidad diferente según avanzamos, no convierte todo lo descubierto en provisional, ni tampoco nos debe hacer zozobrar permanentemente. Para Dawkins este acento en la provisionalidad de la ciencia, viene fundamentalmente de que los filósofos de la ciencia como Karl Popper, han tomado únicamente como ejemplo la corrección que la tesis de Albert Einstein supuso de la mecánica clásica de Newton, y la han magnificado hasta hacerla filosofía.
"Es verdad que el Sol es más caliente que la Tierra y que la mesa sobre la cual escribo está hecha de madera. Estas no son hipótesis a la espera de refutación; [...] es verdad que el lector posee una cabeza y que mi escritorio es de madera. Si las verdades científicas son vulnerables a la duda filosófica, no lo son más que las verdades del sentido común. Al menos, seamos justos en nuestras objeciones filosóficas."

Dawkins puntualiza, que "la ciencia no es, por cierto, sinónimo de sentido común". Yo me atrevo a ir más lejos: la ciencia lucha contra el sentido común. Las primeras impresiones suelen ser corregidas por un análisis más profundo y detallado. La ciencia es un trabajo arduo, no una vaga impresión de cómo debería ser el mundo a nuestro entender. Las teorías y los datos se mezclan en una suerte de lógica enmarañada que solo tras la oportuna digestión se pueden explicar racionalmente. La mecánica cuántica es anti-intuitiva, tal y como nos advierte Dawkins, y yo me vuelvo a atrever a decir más: también lo es la evolución de la especies por selección natural. El mayor problema para aceptarla teoría de Darwin no es tanto la oposición de índole religiosa, sino la falta de "evidencia evidente", es decir, la gente cree en las bombillas porque las ven iluminarse, mientras que dudan  de la selección natural porque no han presenciado ningún cambio evolutivo delante de sus ojos. La ciencia tiene el reto de explicar lo que no es evidente, haciendo que las evidencias menos evidentes, sean contextualizadas dentro de un marco temporal y una explicación estructurada. En ese sentido la religión, y las explicaciones mágicas, son paradójicamente más intuitivas que una explicación científica. Por eso a la fuerza del viento, primeramente se la divinizó con el nombre de Eolo, y solo después la denominamos con el nombre científico de fuerza eólica. El peso de la religión no es desdeñable, como se puede deducir de la etimología de las palabras, pero eso precisamente debería hacernos pensar que hoy en día, las propuestas científicas gozan de un sentido común más moderno que el que nuestros primitivos antecesores solían mostrar.

Precisamente, como consecuencia de esa falta de "evidencia evidente", o de "evidencia inmediata" o por qué no decirlo, "evidencias sencillas", (sencillas al menos para el lego), se produce una mentalidad discontinua que no puede ver estados medios y transicionales. La mentalidad discontinua pregunta cómo es posible que una especie se transforme en otra, si los hijos de una especie nunca pueden a llegar a ser tan diferentes como para impedir que se reproduzcan con los de su misma especie. Esto es, si dos monos tienen a un humano, ¿con quién se iba a reproducir el primer humano para dar lugar a toda la humanidad que ahora existe? El problema conceptual es víctima del artificio que supone categorizar a los seres vivos en diferentes especies. Esto es algo que hacemos para nosotros poder diferenciar una especies de otras, pero nada en la naturaleza está obligando a que se diferencien tanto para que nosotros le podamos poner un nombre a cada una. Siempre existió un estado intermedio, lo suficientemente pequeño para no impedir la reproducción, y que ha ido sufriendo cambios que le han permitido tanto reproducirse como sacar ventajas evolutivas frente a sus adversarios. La versión final que vemos es lo que nosotros llamamos una especie diferente, que hasta tal punto se ha convertido en diferente, que ya no está emparentada con su antecesor. Este gradualismo, simplemente no es comprendido por quienes piensan que nuestra artificial manera de clasificar a los seres vivos es realmente la manera en la que estos llegan a existir, como si la naturaleza pariera directamente esos estados discontinuos que nosotros ahora clasificamos como tales.

Esta última reflexión le sirve a Dawkins para romper una lanza a favor de nuestros primos los simios, y denunciar un injustificado y aplastante "especismo" que damos por válido de manera automática:
"He sostenido que la laguna que hemos construido entre humanos y simios en nuestra mente es lamentable. También he sostenido que, en todo caso, la posición actual de la brecha es arbitraria, resultado de un accidente evolutivo. Si las contingencias de la supervivencia y la extensión hubiesen sido diferentes, la laguna estaría en un lugar distinto. Los principios éticos que están fundados en un capricho accidental no deberían respetarse como si estuviesen tallados en la piedra."

EL ALARMISMO DE LA CIENCIA
Se nos suele olvidar que convivimos con la ciencia a diario, y quizás por ese olvido y también por nuestro instinto de protegernos, el alarmismo científico resuena más fuerte que los logros científicos. Cuando dejamos entrar el debate científico en nuestros hogares a menudo es para hacernos eco de los aditivos de los alimentos, las antenas de los teléfonos móviles o la idoneidad de comprar un microondas.

La ciencia no consiste solo en despertar la alarma, hay detrás un trabajo silencioso y fructífero, al que nos hemos acostumbrado a ignorar y dar por hecho. Fijarnos solo en lo negativo, lo peligroso que nos puede traer la modernidad, como dice Dawkins:
"Es como si alguien se encontrara con Picasso y dedicase toda la conversación a los peligros que hay en lamer el propio pincel"
Algunos temas científicos, simplemente necesitarían ser escuchados antes de renegar de ellos por pura aversión a lo nuevo. Es el caso de los transplantes transgénicos, cuyo alarmamismo está basado en especulaciones. El autor asume que puede haber argumentos en contra de los transgénicos, lo único que aconseja es que deberían cambiar su "visceral rechazo emocional" por una precaución racional que contemplase la realización de rigurosas pruebas de seguridad. En cambio, hay pruebas mucho más sencillas, como el famoso doble ciego que se usa para diferenciar la eficacia de una medicina del efecto placebo, que a los defensores de la homeopatía, no les gusta. Dawkins adopta una postura análoga con algunas medicinas alternativas (pero no con la homeopatía): "por lo que sé, algunas de ellas pueden funcionar". Pero deben someterse a pruebas y no evadirlas.

LA ÉTICA Y LA CIENCIA
Una mayor cultura científica no otorga más ventajas para saber lo que puede ser ético o no, pero unas pertinentes preguntas científicas si pueden ayudar a tomar decisiones más fundamentadas, dejando la ética a un verdadero juicio de valores que haya podido ser contrastado con la realidad. La cuestión del aborto se puede mirar desde el punto de vista de un continuo en evolución, parecido al que nos une con los chimpancés, y así preguntarnos si las diferencias entre matar a un chimpancé y matar a un bebé son tan grandes. La clonación afecta a nuevas áreas del derecho, pero genéticamente es igual que un gemelo univitelino. El uso de células madre a modo de "repuestos" no debería suscitar más controversia que el cultivo de tejidos o las famosas y valiosísimas células HeLa (células inmortales de la fallecida Henrietta Lacks que se replican sin cesar in vitro, y que se han venido clonando desde mitad del siglo XX para múltiples investigaciones médicas).

JUICIOS POR JURADOS
Una medida, que aunque tradicionalmente es secundada por los pensadores de izquierdas (y él ciertamente está más escorado a la izquierda que a la derecha), es rechazada por el biólogo porque considera que los jurados no son independientes ya que se contaminan unos a otros. Trata de demostrarlo con un interesante ejercicio de estadística para eliminar las desviaciones por imitación. Cuando se analiza la conducta de 12 polluelos de gaviota argentéa, se los estudia por separado, para comprobar si un determinado comportamiento es fruto de un estímulo concreto. Cuantos más polluelos se estudian más fiabilidad estadística. La razón para preferir la opinión de 12 jurados a un solo juez, puede ser la misma, la diferencia es que los jurados están juntos y se contaminan los unos a los otros. La razón de que más personas alcanzarán un verecito más democrático, solo sería válida si sus evaluaciones fueran independientes, y como no lo son, es preferible el único veredicto de un juez.

PSEUDO-CIENCIAS
La belleza de la realidad es mucho más envolvente que el misterio de una fantasía. La gente que busca enfrascarse en misterios llamativos de pseudo ciencias, se aleja de la oportunidad de ver "la magia de la realidad" (por citar un libro del mismo autor en el que profundiza en esta cuestión para un público infantil).
"¿Pero, acaso estas cosas -bolas de cristal, signos del zodiaco, piedras de nacimiento, líneas de energía mágica y todo lo demás- son algo más que un poco de entretenimiento inofensivo? Si hay personas que desean creer en basura como la astrología o la curación por cristales, ¿por qué no permitírselos? Pero es que resulta tan triste pensar en todo lo que se están perdiendo. Hay tanta maravilla en la auténtica ciencia. El universo ya es lo bastante misterioso como para que necesitemos la ayuda de hechiceros, chamanes y adivinos embusteros. Todos estos constituyen, en el mejor de los casos, distracciones que nos envilecen. En el peor de ellos, se trata de peligrosos aprovechados."

CONTRA EL POSMODERNISMO
Aunque Dawkins arremete contra el posmodernismo, y aunque no le faltan razones, yo creo que hay algo de interesante y acertado en el posmodernismo. No soy un entendido, pero es necesario empezar por una sucinta sinopsis explicativa. La definición de posmodernismo no es pacífica, y quizás sea buena idea  situarlo en el contexto del modernismo que le precede. El modernismo representa una forma de entender y representar el mundo, de acuerdo con la seguridad que la industria, la ciencia y la razón nos ofrece para vencer a la superstición, la religión y el medievo en general. La fe en el ser humano, capaz de progresar por sí mismo siempre y cuando se apoye para ello en unos ideales humanistas y liberales, en el sentido más clásico del término. Esta seguridad, a veces, pretenciosa a la vista del fracaso en muchas partes del mundo para alcanzar la felicidad de sus ciudadanos, tuvo como reacción el posmodernismo, que viene a decir que todo es mucho más subjetivo e inaprensible de lo que nos contaron todas estas utopías racionalistas. Y la prueba de ello está en el desencanto que supone ver a tantas pueblos desheredados de los frutos de la Ilustración. Ni la ciencia, ni la economía, ni la verdad, ni la política sea cual sea, son unos pilares sobre los que poder construir con seguridad ningún progreso. Ni siquiera el concepto de progreso es legítimo, en tanto en cuanto, es una construcción subjetiva. Todo está contaminado por un sesgo de dominación cultural de los vencedores. Lo que el modernismo entiende como un logro de la razón, el posmodernismo entiende un absolutismo que impide ver otras realidades. Donde los primeros proyectan un optimismo motivante, los segundos proyectan un pesimismo nihilista. El problema con el posmosdernismo que es que iguala toda certeza con toda incertidumbre, y se deleita en deconstruir las supuestas falacias del modernismo, con tal fruición, que terminan negando hasta la mejora más obvia.

Cualquier que haya leído algo de Foucult y de teoría feminista o teoría queer, reconocerá el estilo posmodernista y sabrá que si hablo de falocracia me refiero al sistema político y cultural que ejerce una dominación sobre los cuerpos femeninos, y que la transexualidad, lejos de ser una disfuncionalidad de género es una deconstrucción de los cuerpos normativos que nos hace ver que la artificialidad de la dualidad hombre-mujer es una dualidad impuesta. Esta forma de escribir ha sido muy potente en el pasado dentro de la filosofía y del activismo. Yo no la infravaloro como hace Dawkins, pero le reconozco que en muchas ocasiones, los posmodernos se han dejado llevar por lo que podría ser una genealogía de la influencia de los sistemas de poder. A veces parece que disfrutan con un intrincado lenguaje o juego intelectual, hasta dar con paranoias absurdas como aquella de que la fórmula de E=mc2 es machista, o que la raíz cuadrada de menos uno se parece al pene erecto. En este afán por desvelar las fuerzas constructuras de los sistemas de conocimiento, la izquierda se ha dejado llevar demasiado a menudo, y ha puesto en duda los avances de la ciencia y la herencia de la Ilustración, ya que serían igualmente construcciones desde el poder y para el poder. Y es una crítica bastante lógica, pero que no puede de ninguna manera destrozar los frutos maduros de los que vivimos hoy en día en nuestra civilización. Negarlo sería como arrojar al cubo de la basura los logros del Doctor Martin Luther King, solo porque al ser hombre, su teoría solo podía estar contaminada de una visión masculina y necesariamente machista.

Para poner en evidencia estos disparates, Dawkins nos recuerda el archiconocido caso de Alan Sokal, un físico que puso a prueba al mundo académico posmoderno, enviando a una revista posmoderna un artículo lleno de absurdos grandielocuentes y con el característico lenguaje enrevesado del posmodernismo. El artículo llegó a publicarse a pesar de no tener ningún sentido. Se acusó a Sokal de fraude, aunque parece que fue él precisamente el que denunció el fraude de buena parte del posmodernismo. Algunos le respondieron que no había comprendido el alcance de las metáforas y paralelismos que algunos pensadores como Lacan, usaban con las matemáticas. Independientemente del filtrado más idóneo para detectar locuras antes de publicarse, lo que parece cierto, es que la idea de que los pensamientos confusos y tortuosos "se expresan más adecuadamente en una prosa deliberadamente oscura", es una impostura difícil de defender como hacen algunos autores posmodernistas, como Deleuze y Guattari, respaldados por vacas sagradas como Michel Foucault.

Dawkins denuncia la impostura de Lacan:

No nos es precisa la pericia matemática de Sokal y Bricmont para estar seguros de que el autor  de todo esto es un impostor. ¿Es posible que sea auténtico cuando trate temas no científicos? Pero, en lo que a mí respecta y cuando se trata de cosas de las que nada sé, un filósofo que ha sido atrapado comparando el órgano eréctil con la raíz cuadrada de menos uno ha quemado sus credenciales.

Pero tampoco puedo estar de acuerdo del todo con Dawkins. Un disparate como el de la raíz cuadrada de menos uno de Lacan, no puede por sí mismo inhabilitar otras conclusiones del posmodernismo. Las investigaciones sobre las influencias que el poder plasma en nuestras realidades, como nos desveló Foucault en "La historia de la sexualidad" o en "Vigilar y castigar", nos han servido para profundizar en los sesgos implícitos de conceptos como enfermedad, delito o sexualidad.

SELECCIÓN NATURAL Y SELECCIÓN SEXUAL
La selección natural es un concepto metafórico, ya que realmente la naturaleza no selecciona con voluntad y personalidad propia, sino que es el resultado de la supervivencia del más apto y de cómo sus genes se transmiten con mayor probabilidad de éxito. Una de las explicaciones de que esto sea así, es la selección sexual, en donde, ahora sí, hay una verdadera selección que hacen las hembras, por ejemplo, por los llamativos colores de un macho. Mientras que Charles Darwin asumía sin problemas que los designios de la vida podían depender de caprichos estéticos, el co-descubridor de la evolución Alfred Russel Wallace, pensaba que estos caprichos solo podían tener sentido evolutivo si implicaban alguna utilidad, como por ejemplo, que unos colores chillones también implican resistencia a parásitos o mayor  resistencia a los depredadores a pesar de ser más visible que otros individuos.

NUESTRAS SEMEJANZAS CON EL CHIMPANCÉ ROMPEN EL CONCEPTO DE RAZA
Sin embargo, debemos cuidarnos de ser arrastrados por la euforia. Ese 98% no quiere decir que somos 98% chimpancé. Si se cuenta el número completo de genes idénticos, la cifra para seres humanos y chimpancés estaría cerca de cero.

Todo depende de la unidad que se tome para comparar. Si me fijo en el número de letras que tienen dos ediciones de un mismo libro, seguramente habrá una coincidencia de más del 90%, pero si me fijo en si todos los capítulos de ambas ediciones tienen el mismo número de letras, probablemente la coincidencia sea cero, ya que una ligera variación de una sola letra, ya hace al capítulo diferente. Con todo, Dawkins es partidario de poner en cuestión el concepto de raza, ya que "la mayor parte de la variación genética humana se halla dentro de las razas y no entre ellas", es decir, que a nivel genético, somos mucho más uniformes de lo que pensamos. Hay mayor variabilidad genética entre chimpancés de pequeñas áreas adyacentes en África, que entre todos los humanos del planeta. "Es por ello que muchos genetistas abogan por el completo abandono del concepto de raza."

REFLEXIONES A PARTIR DE LA EVOLUCIÓN
El tema de la evolución se aborda desde diferentes perspectivas. Algunas reflexiones más o menos profundas sobre la evolución y la segunda ley de la termodinámica, o sobre como un gran salto genético tienes menos probabilidades de prosperar que un cambio gradual, son de gran placer como lector curioso que soy, pero de difícil explicación sin ocupar más espacio. El lamarckismo, por ejemplo, aún suponiendo que fuese cierto  (y no hay pruebas que lo demuestren) y que los caracteres adquiridos se heredasen, necesitaría cierta dosis de darwinismo, ya que si hubiese toda una serie de descendientes con características desarrolladas y heredadas por el uso, también los habría en mucha mayor número por el desuso, puesto que solo una minoría serían cambios positivos. De esta manera, el conjunto de seres vivos sería una colección variopinta de seres decrépitos e inútiles junto con otros fuertes y capaces de sobrevivir. De alguna manera tendría que haber una selección que justificase que solo una minoría de cambios positivos son los que han quedado en lo que conocemos del reino animal. "El lamarckismo no puede funcionar a menos que posea un apoyo darwiniano."

CONTRA EL DETERMINISMO GENÉTICO
A colación del famoso "gen gay" que ha sido objeto de tanta atención en el mundo de la prensa científica y no científica, Dawkins aclara:
Del mismo modo, la posesión de un gen en particular no determina de manera necesariamente infalible que un individuo sea homosexual. El efecto de los genes sobre los cuerpos y la conducta es como el efecto del humo del cigarrillo sobre los pulmones. Si uno fuma mucho, incrementa las posibilidades estadísticas de contraer cáncer de pulmones. No se contraerá de manera infalible un cáncer de pulmones. Como tampoco el abstenerse de fumar protege infaliblemente del cáncer. Vivimos en un mundo estadístico.

UN EXPERIMENTO ABERRANTE
Dawkins fabula con la posibilidad de que una vez que le embriología hubiese avanzado lo suficiente, y  una vez que se hubiese secuenciado el genoma de Lucy (la primera mujer de la que tenemos constancia, una austrolopitecus), sería posible meter su ADN en un huevo y hacer nacer una réplica de Lucy. Dawkins no esconde los problemas éticos que semejante experimento conllevaría, pero cree que tendría la ventaja de hermanarnos más con otros animales, porque el hecho de tener un austrolopitecus vivo en nuestros días, rompería la barrera del especismo humano. No obstante, tampoco esconde su lamento por no vivir para verlo y poder "extender mi corto brazo hacia el largo brazo de una nueva Lucy y saludarla, entre lágrimas, con un apretón de manos."


EL VIRUS DE LA FE
Las células son tan eficaces replicando el ADN, y son en sí mismas un entorno tan propicio para que ello suceda que no es extraño que alberguen ADN parásito. El proceso replicador se puede estudiar desde resultados epidemiológicos, y compararlos con la propagación de virus informáticos, que nos llegan gracias a que hay muchas "células informáticas" dispuestas a replicarlos. Algunas creencias se propagan siguiendo el mismo modelo de todos estos tipos de virus, como memes exitosos, no en vano Dawkins fue el creador del concepto meme. El lenguaje o los juegos infantiles que se contagian de una escuela a otra son otros ejemplos del mismo fenómeno. Y la religión también. Cuando alguien cree algo sin ningún tipo de pruebas, algo que en cualquier otro caso sería increíble, se puede decir que se ha producido una infección de la mente. La infección de tipo religiosa es parecida a los virus porque propician un contexto que favorece la réplica de la idea en contra de la función natural de la mente, es decir, en contra del pensamiento. Por ejemplo, en el caso de la Transustanciación y la Trinidad, ensalza los misterios como si fueran una virtud. El misterio no necesita ser descubierto ni entendido, solo reverenciado. Es como si obtuviesen mayor prestigio cuanto más disparatado sea el mandamiento de fe, como si estuviesen entrenando sus músculos de credulidad para tragarse cualquier cosa que le pongan encima del altar.
Dada esta prodigiosa credulidad, ¿puede alguien dudar de que las mentes humanas sean terreno maduro para las infecciones malignas?...[...] Si se posee una creencia basada en la fe, es abrumadoramente más probable en términos estadísticos que se trate de la misma fe que profesaban los padres y los abuelos. Si, eventualmente, el lector hubiese nacido en un lugar diferente, esas convicciones en las cuales cree tan apasionadamente hubieran sido un conjunto completamente diferente -y en gran medida contradictorio- de convicciones. [...] Felizmente, los virus no siempre ganan. Muchos niños han salido incólumes de lo peor que las monjas y los mullahs tenían para lanzarles. La propia historia de Anthony Kenny tuvo un final feliz. Eventualmente, Kenny abandonó los hábitos a causa de que ya no podía tolerar más las obvias contradicciones dentro de las creencias católicas. Actualmente es un académico muy respetado. Pero uno no puede evitar señalar que, por cierto, debe ser una infección poderosa ya que zafar de ella le llevó a un hombre de su sabiduría e inteligencia -es actualmente nada menos que presidente de la British Academy- tres décadas de lucha. ¿Soy demasiado alarmista al temer por el alma de mi inocente niña de seis años?
RELIGIÓN Y LENGUAJE EQUÍVOCO
Algunas veces usamos un lenguaje que puede confundir o parecer contradictorio. El lenguaje metafórico se usa a menudo cuando hablamos de evolución: "la evolución ha seleccionado" a tal o cual organismo, o "un gen lucha" por la supervivencia... etc. Son maneras de expresar un proceso personificando los agentes implicados en el mismo, pero ello no implica que exista una voluntad que dirija el proceso. La expresión "el gen egoísta", título del libro más conocido del autor, no significa que los genes tengan moralidad ni conciencia, ni tampoco, por cierto, que la ética humana debe estar determinada por el egoísmo.

El uso de un lenguaje religioso no implica que se crea en dios, de la misma manera que llamarse Jesús no significa que uno se crea hijo de dios. Quizás al lector esto le parezca obvio, pero he de advertirle que en muchas ocasiones expresiones como "dios no juega a los dados" (de Albert Einstein) o "conocer la mente de dios" (Stephen Hawkins) se han malinterpretado, no siempre intencionadamente, para sugerir que ambos científicos creían en un tipo de dios. En ambos casos los dueños de esas palabras se encargaron de aclarar su posición sobre la religión, y que no se trataba más de metáforas. Y es el que somos producto de una cultura en la que le religión tiene una gran presencia, cultural e idiomática, en absoluto despreciable, ni en cantidad ni en calidad. ¿Por qué habríamos de renunciar a tantos recursos e historias que nos hacen más ricos culturalmente, solo porque no compartimos las creencias ultimas que las sostuvieron? Autoexigirnos una pureza fundamentalista, y cambiarnos de nombre solo por su origen religioso, sería una grandísima estupidez. Lo mismo que medir nuestras palabras para no "mancharnos" con ninguna metáfora religiosa. A mi particularmente me gusta llamar a los átomos "los ladrillos de dios", y no siento la necesidad de cambiarlo por "los ladrillos de la creación", o "los ladrillos del Bigbang". Peter Higgs, descubridor del bosón de Higgs, está harto de que denominen a su descubrimiento "la partícula de dios". Puedo entender que no se les quiera facilitar el camino a los creacionistas y a todos los que están deseosos de encontrar argumentos a favor de dios incluso en metáforas inofensivas, o al menos inofensivas en mentes racionales. Pero sinceramente, no comprendo como un ateo se puede ofender por usar un lenguaje religioso, como si fuera necesario lavarnos la boca por usar la cultura en la que vivimos inmersos. Si alguien duda o quiere manipular mis descreencias religiosas, apoyándose en la riqueza cultural del lenguaje, me tiene a mi en frente para clarificar sus dudas o desmentir sus manipulaciones, pero no retrocederé un paso para dar gusto a sus ridículas cazas de contradicciones.

Otro tipo de lenguaje es más engañoso, se trata del abuso del lenguaje científico para arroparse con la credibilidad de la ciencia. Sucede con las pseudo-ciencias: sanación cuántica, psicología cuántica, moralidad cuántica, teología cuántica... sin duda la complejidad de la mecánica cuántica ha sido aprovechada por impostores de toda laya.

La religión suele mantenerse al margen de este abuso, porque es más experta en estas lides, y sabe que si se mete en el barro se puede estancar. La táctica de la religión no es buscar el sello de credibilidad de la ciencia, sino hacerse un hueco a modo de refugio donde poder esconderse de la crítica. A nivel teológico, este refugio se llama los magisterios separados, ya comentado por mí mismo en la reseña de "El espejismo de dios". Consiste en defender que las respuestas de la religión caen fuera del alcance de la ciencia, y viceversa. Pero ninguna de esas afirmaciones es del todo cierta. Hoy en día la ciencia tiene elementos suficientes para desmentir muchas de las afirmaciones que la religión sostiene sobre la naturaleza, como la conversión del vino en sangre o los milagros. Cuando la ciencia le es útil a la religión, se sostiene que ambas son compatibles, pero cuando se habla de  milagros o de cualquier postura religiosa sin apoyo científico, entonces se dice que pertenecen a campos distintos. Los magisterios separados solo sirven para ser usados como escudo, cuando la religión sale perdiendo de la confrontación.
Los teólogos, si es que desean ser honestos, deberían hacer su elección. Pueden pretender un magisterio propio, separado de la ciencia, pero que aún merezca respeto. O pueden conservar su Lourdes y sus milagros, y disfrutar de su elevado potencial para reclutar personas poco instruidas. Pero entonces deben decir adiós a los magisterios separados y a su magnánima aspiración de converger con la ciencia.
Hay que reconocer que el Vaticano se reconcilió con Galileo y Darwin, y con sus respectivas teorías. Lo hizo tarde, tanto como 350 años en el caso de Galileo, pero lo hizo. ¿Significa eso que la religión es compatible con la ciencia o que ambas estén convergiendo? En absoluto, una cosa es que dos tendencias converjan porque sus ideas son parecidas, y otra es que una de ellas tarde 350 años en reconocer la verdad acorralada por los hechos. Cuando no le queda más remedio, la religión asume lo que el resto del mundo ya sabe, pero no lo hace por convencimiento, sino porque sufre una presión insostenible. Muchas veces dicha presión no es de fuera, sino de dentro. La presión de no contradecirse, de no admitir que se hayan podido equivocar, ya que la esencia de su creencias es la fe, no las pruebas. Mientras que las conclusiones de la ciencia tienen vocación de ser provisionales, hasta que lleguen otras mejores, las de la religión tienen vocación de infalibilidad y eternidad. En ese sentido, la religión es la peor enemiga de sí misma.

INDEFENSIÓN DE LOS NIÑOS Y SOBREPROTECCIÓN DE LA RELIGIÓN
El discurso de Dawkins en el llamado nuevo ateísmo, ha aportado dos novedades. La primera es que los niños deberían ser salvados de contaminarse a un edad tan tierna con todo el veneno religioso (por usar la expresión hitcheana). A nadie se le ocurriría adoctrinar en la escuela pública a unos niños de 5 años en el marxismo, sin embargo a la religión sí se le permite. Que los niños tengan que heredar la religión de sus padres es una perversión, ciertamente, pero ¿qué se puede hacer? Dawkins no propone nada, y los padres tienen el derecho de educar a sus hijos como ellos quieran. Quizás la verdadera perversión sea que la escuela pública permita y colabore con los padres a que sus hijos hereden una religión en concreto, sin darle herramientas para conocer el resto de opciones.

La segunda se deriva de la primera, y es que si a la religión se le permite adoctrinar a niños de temprana edad, o si le permite no pagar impuestos, o ser protegida ante la crítica tipificando la blasfemia, es porque goza de una inmerecida sobreprotección. Cuando cualquier obispo dice algún disparate como que los niños desean los abusos sexuales, o que el Papa dice, en un acto moralmente criminal, que el preservativo no protege contra el SIDA en África, la ciencia puede y debe salir a rebatir y ridiculizar si es necesario, estos excesos. La actitud de hacerse el ofendido, (o de ofenderse realmente) cuando se critica la religión, adopta formas huidizas del debate: "es mi íntima creencia, y no necesito entenderla", o "si criticas mi creencia, me atacas a mi", o "no te metas con la religión, respétala" es, en términos intelectuales, una vulgar y cobarde excusa que ya no cuela. Si la religión quiere participar en el debate público, debe someterse a las misma normas que el resto de intervinientes. La religión no se merece ningún respeto adicional más que el resto de ideas. Tal y como dijo en "El espejismo de dios", citando a  H. L. Mencken:
"Debemos respetar la religión del otro, pero solo en el mismo sentido y de la misma extensión en que respetamos su teoría de que su mujer es la más guapa y sus niños los más listos”
DAWKINS NO CAMBIÓ REALMENTE TRAS 11-S
Algunos han dicho que esta posición hostil del autor se debió al 11-S. Ciertamente al día siguiente del ataque terrorista contra el World Trade Center, The guardian publicaba varias opiniones de diversos autores, sobre lo que representaba el reciente ataque terrorista. Allí, Dawkins confesaba que el 11-S lo había cambiado todo:
Muchos de nosotros veíamos a la religión como una tontería inofensiva. Puede que las creencias carezcan de toda evidencia pero, pensábamos, si la gente necesitaba un consuelo en el que apoyarse, ¿dónde está el daño? El 11 de septiembre lo cambió todo. La fe revelada no es una tontería inofensiva, puede ser una tontería letalmente peligrosa. Peligrosa porque le da a la gente una confianza firme en su propia rectitud. Peligrosa porque les da el falso coraje de matarse a sí mismos, lo que automáticamente elimina las barreras normales para matar a otros. Peligrosa porque les inculca enemistad a otras personas etiquetadas únicamente por una diferencia en tradiciones heredadas. Y peligrosa porque todos hemos adquirido un extraño respeto que protege con exclusividad a la religión de la crítica normal. ¡Dejemos ya de ser tan condenadamente respetuosos!
En el mismo sentido se expresaba en su artículo "Tiempo de ponerse en pie". Este artículo tiene varias versiones, todas ellas muy parecidas, y la original data de un discurso que Dawkins preparó para la entrega de un premio que estaba planificado para el 22 de septiembre de aquel año. La que aparece en "El capellán del diablo", termina así:
Las cosas son diferentes después del 11 de septiembre. "Todo ha cambiado, ha cambiado completamente."
Si bien es cierto que Richard Dawkins marcó el 11-S como un antes y un después, también es cierto que sus escritos anteriores ya denunciaban el excesivo respeto del que la religión gozaba, incluso en los artículos seleccionados para esta recopilación. En "Virus de la mente" (de 1993) se denunciaba:
"La ilusión de que la fe, sin importar cuán nociva pueda resultar, debe ser respetada sencillamente porque es una fe." 
Y en "juncos chinos y teléfonos descompuestos" (de 1999) ya hacía alusión a su batalla por liberar a los niños de la religión:
"el desafortunado niño normalmente es demasiado pequeño como para saber su propia inclinación religiosa."
En "Dolly y los portavoces de la religión", allá por 1997, ya se quejaba de que se les diese voz a los líderes religiosos en asuntos científicos dentro del gobierno, en comités o directorios escolares. Como si tuviesen algo que aportar diferente de lo que tenga que decir "un jardinero o un cocinero", como escribía en 1999 en "La gran convergencia".

En 1996, en un discurso titulado "¿Es la ciencia una religión?" escribió que "la fe es uno de los grandes males del mundo, comparable a la viruela, pero más dificil de erradicar."

Todas estas citas demuestran que antes del 11-S Richard Dawkins ya tenía configurada su guerra contra la religión. ¿En qué podía haber cambiado entonces? No se puede decir que se subiese al carro bélico de George W. Bush, como fue el caso de Christopher Hitchens. Aunque guardó silencio sobre la invasión de Afganistán (tan solo una década después dijo que apoyó esa guerra, aunque no volvería a repetirlo nunca más hasta donde yo tengo constancia), lo cierto es que criticó con dureza la política de Bush y se opuso a la guerra de Irak de manera muy activa. Cuando se le preguntó por un héroe y un villano del año 2002 mencionó a Robert Fisk (activo opositor de la política exterior estadounidense) y George W. Bush respectivamente.

Puede que el cambio que Dawkins sufrió tras el 11-S sea el que él dice que fue. Puede que antes fuera más suave y más respetuoso con la religión, y que la tratase como algo inocuo. Puede que publicar un libro específicamente ateo, en el que ánima al activismo y a salir del armario a los ateos, sea un gran cambio. Yo tan solo digo que con los textos en la mano, no se puede demostrar que el cambio haya sido sustancial. Si a eso le sumo que en la introducción de la sección "La mente infectada" reconoce y lamenta haber usado un tono tan "colérico" en el artículo que escribió tras el 11-S, y que ahora lo "moderaría", entonces, el eventual cambio queda bastante diluido. Lo que escribía cuatro días después de los terribles atentados, señalando a la religión como el principal factor motivante, no era nada nuevo en su discurso.

En "Tiempo de ponerse en pie", reconocía que la religión no siempre actuaba sola, y que las guerras eran multicausales, pero al mismo tiempo escribía que la guerra era el ingrediente más incendiario.
Mi argumento no consiste en que la religión por sí misma sea el motivo de las guerras, los asesinatos y los ataques terroristas, sino en que la religión es la etiqueta principal y más peligrosa [...]. Ni siquiera afirmo que la religión sea la única etiqueta a través de la cual identificamos a las víctimas de nuestros prejuicios. [...] Pero a menudo [...] la única etiqueta divisoria a mano es la religión. Asimismo, incluso cuando no está sola, la religión constituye casi siempre un ingrediente incendiario de la mezcla.

Comparto más la idea de Tariq Ali, manifestada junto a la de Dawkins en el mismo artículo de The guardian que antes he señalado. La idea de que el verdadero cambio que supuso el 11-S no fue debido al gran número de víctimas inocentes (EEUU ha matado en otras ocasiones a más personas inocentes) sino al hecho de que el ataque fue en suelo estadounidense. Chomsky y Hitchens discreparon durante diez años sobre si el 11-S se podía comparar, en términos morales o de víctimas, con otros perpetrados por EEUU. Lo que parece claro es que hay una tendencia a engordar las tragedias propias para sacar rédito político, y a minimizar las que nosotros cometemos con otros. En ese sentido, y solo en ese, el 11-S supuso un gran cambio en nuestro mundo, porque por primera vez empatizábamos tanto con las víctimas... y consecuentemente, nos uníamos contra el enemigo.

DIFERENCIAS Y COINCIDENCIAS CON GOULD
Las diferencias de Richard Dawkins con su colega Stephen Jay Gould eran conocidas en el mundo científico. Tales diferencias dividieron a los darwinianos en gouldianos y dawkinsianos. Pero los árboles no le impiden ver el bosque a Dawkins, y reconoce que aunque no eran íntimos, tampoco eran enemigos y, al menos él, guardaba cierta admiración por su contrincante. Lo dice y lo prueba en esta última parte del libro en la que no ahorra elogios ante su estilo, su cultura y sobre todo su decidida oposición al creacionismo y lucha por la divulgación científica. Sin embargo lo critica por dar gratuitos e inoportunos argumentos a los creacionistas, como cuando dijo que no era un "darwinista estricto", aunque según Dawkins, si él no lo era, nadie lo fue.

Algunas de esas meteduras de pata eran enfrascarse en complejas metáforas del béisbol para explicar sus tesis, tener una definición de progreso demasiado antropocéntrica, o defender la teoría del equilibrio intermitente, cuando en realidad si se le presionaba lo suficiente coincidía con el gradualismo. Algunas de esas formas de explicar sus posiciones...:

[...]parecen casi diseñadas para alentar las malas interpretaciones (no es la primera vez: en una ocasión anterior llegó tan lejos como para escribir que la síntesis neodarwiniana estaba "efectivamente muerta"). Lo que sigue es típico de la publicidad que rodea a La vida maravillosa (dicho sea de paso, sospecho que la oración principal fue añadida sin conocimiento el periodista firmante): "Según el eminente profesor estadounidense Stephen Jay Gould, `la raza humana no ha resultado a partir de la 'supervivencia del más apto´". Ha sido un feliz accidente el que creó a la Humanidad". Semejante disparate desde luego no se halla en nada de lo que haya escrito Gould, pero ya sea que busque o no esta clase de publicidad, la atrae con demasiada frecuencia.

También tenían diferencias en cuanto al papel activo o pasivo que tenían los genes en la evolución. Dawkins defiende que los genes cuando se replican erróneamente influyen en su destino mientras que Gould los considera como "tenedores de libros", es decir, como meros receptáculos de información. Pero sin duda algo se me escapa, porque no me cuadra mucho que Gould pensase que los genes no son la causa de la evolución... cualquier darwinista o neodarwinista sabe que las mutaciones son mutaciones genéticas. Entonces, ¿cómo podría Gould decir que los genes son tenedores de libros y al mismo tiempo manejar el concepto de mutación?

El último de sus varios artículos dedicados a su relación con Gould, relata como le escribió para pedirle que redactaran conjuntamente una nota de rechazo al creacionismo, para así demostrar que sus diferencias estaban dentro del marco científico. Dawkins escribió un mail con el boceto de lo que podría ser el texto, y Gould respondió que le parecía una idea genial, pero que por falta de tiempo no le había dado tiempo a revisar el texto. Nunca más lo tendría, pues fallecería días después. Una triste historia para los amantes de la historia de la ciencia, ya que habría sido una ocasión para que estos dos gigantes de la ciencia, y la divulgación científica, se reencontrasen por un buen motivo.

¿POSITIVISTA RADICAL?

Algunos acusan a Dawkins, y no solo a él, sino a todos los que creemos que la ciencia postula verdades superiores que otros tipos de conocimientos o creencias, de ser mentes cuadriculadas incapaces de ver ni la belleza ni las verdades del espíritu humano más profundo, no necesariamente religioso. "La ciencia puede ser espiritual y hasta religiosa en un sentido no sobrenatural", nos dice al principio del libro. Y en otras ocasiones ha descrito el panteísmo de Albert Einstein como un sobrecogimiento íntimamente humano, comparable en intensidad al del creyente más religioso.  Quizás no haya mejor contestación a esas acusaciones que unos párrafos extraídos de una carta dirigida por el autor a su hija, y que a continuación copio literalmente. Esta carta se enmarca en el final del libro, donde también aborda temas de su infancia, relacionados con el amor a África no solo como nostalgia de su vida personal, sino también por convertirse posteriormente en cuna de la humanidad como tantos descubrimientos fósiles nos han confirmado.

La gente dice, en ocasiones, que debes creer en lo que sientes muy dentro de ti, de otro modo, nunca tendrás confianza en cosas como "Mi mujer me ama". Pero este es un mal argumento. Puede haber muchas pruebas de que alguien te ama. Cuando estás todo el día con alguien que te ama, ves y oyes montones de pedacitos de pruebas y todas suman. No se trata sólo de una sensación interior, como la que los sacerdotes llaman revelación. Hay datos externos para apoyar las sensaciones internas: ciertas miradas, notas tiernas de la voz, pequeños favores y amabilidades. Todas estas son auténticas pruebas. 
A veces, la gente tiene una intensa sensación interior de que alguien le ama y no hay ninguna prueba de ello: es probable que esté completamente equivocada. Hay gente con una intensa sensación interior de ser amada por una famosa estrella de cine, cuando en realidad nunca se han conocido. Estas personas están mentalmente enfermas. Las sensaciones internas deben ser apoyadas por las pruebas, de lo contrario, no puedes confiar en ellas. 
Las sensaciones internas también son valiosas en la ciencia, pero sólo para darnos ideas que luego se examinan buscando pruebas. Un científico puede tener una "corazonada" acerca de una idea que, simplemente, "siente" que es correcta. En sí misma, esta no es una buena razón para creer en algo. Pero puede ser una buena razón para invertir algún tiempo en la búsqueda de pruebas, haciendo un experimento u observando de un modo particular. Los científicos usan sus sensaciones internas todo el tiempo para obtener ideas. Pero estas no valen nada a menos que sean apoyadas por pruebas.
HOMENAJES, PANEGÍRICOS Y PRÓLOGOS
El libro está salpicado con diferentes homenajes que Dawkins hace a antiguos profesores o amigos, o peticiones para escribir el prólogo de una nueva edición de un libro de Darwin, obituarios y celebraciones a la memoria de otras personas que como él se han dedicado a la enseñanza y la investigación de la ciencia. Douglas Adams, W. D. Hamilton, John Diamond, y alguno más. Me parece bastante caballeroso por parte de Dawkins dedicar algunas páginas a lo que tan magistralmente denominó Isaac Newton (arriano, pero creyente convencido), "a hombros de gigantes". Con ese sentimiento de agradecimiento newtoniano (aunque en realidad la autoría es de Bernardo de Chartres), quiero terminar esta reseña, haciéndome eco de una bellísima cita que Dawkins toma prestada de uno de sus elogiadas figuras, a la sazón devoto cristiano como recuerda Dawkins. Se trata de Sanderson de Oundle:

Extraordinarios hombres de ciencia y extraordinarias hazañas. Newton une todo el universo en una ley uniforme; Lagrange, Laplace, Leibniz, con sus admirables armonías matemáticas; Coulomb, dosificando la electricidad... Faraday, Ohm, Ampére, Joule, Maxwell, Hertz, Róntgen; y en otra rama de la ciencia, Cavendish, Davy, Dalton, Dewar; y aun en otra Darwin, Mendel, Pasteur, Lister, sir Ronald Ross. Todos estos hombres y muchos otros, y algunos cuyos nombres no recordamos, conforman una gran hueste de héroes, un ejército de soldados, dignos compañeros de aquellos a los cuales los poetas han cantado... Allí tienen al gran Newton a la cabeza de la lista, comparándose con un niño que juega recogiendo guijarros a la orilla del mar, a la vez que podía mirar con visión profética el inmenso océano de verdad aún inexplorado ante sí...





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