viernes, 23 de diciembre de 2016

"LA MAGIA DE LA REALIDAD" de Richard Dawkins (2011)

Un libro ideal para regalar en estas fechas de tanto consumismo inútil. Aborda con un estilo e ilustraciones muy didácticas una "pequeña historia de la ciencia" para despertar (o satisfacer según el caso) la curiosidad científica de los más jóvenes.

El libro requiere cierto nivel de conocimientos básicos, así que la edad más indicada quizás esté entre los 12 y los 16 años. Algunas curiosidades de los más pequeños los atraerán a sus páginas llenas de coloridos dibujos. Y algunas respuestas atraerán a los más grandes, pues servirán de complemento a lo que ya han oído en el colegio. El lenguaje que se usa está claramente orientado a la juventud, pero no está hecho papilla para que sea digerido sin esfuerzo alguno. Algunas referencias o nombres son sembrados en el texto a modo de semillas que germinarán cuando se relea de nuevo. Porque aunque se pueda leer de principio a fin, el libro también puede ser una especie de diccionario ilustrado de consulta (por tipografía, colores, ilustraciones y papel satinado), al que recurrir una y otra vez, siempre que nos asalten esas preguntas que siempre nos hicimos de pequeños y que ningún mayor supo responder, o no se molestó en explicárnoslo a nuestro nivel.


Y no solo son preguntas de ciencia. Un rápido vistazo al índice nos dará pistas de por qué puede ser un libro determinante no solo para que los adolescentes entiendan y se interesen por la ciencia, sino también para que encuentren respuestas sobre otras preguntas que se les pasan por la cabeza, y sobre las que pocos se han detenido a explicarles.

La siguiente fotografía del índice muestra lo que trato de explicar.


Sin embargo, creo que la mayor virtud de Richard Dawkins, quien ha pasado ya varias veces por mi blog, es su capacidad para inocular el escepticismo científico entre sus lectores. Fomentar determinada incredulidad ante mitos y creencias varias, con la herramienta de la razón, pienso que puede ayudar a hacer a los jóvenes más críticos y menos manipulables. En definitiva, enseñarles a pensar críticamente.

¿Cómo lo consigue? En cada capítulo, la primera respuesta que da es la del mito o la creencia. Lo que pensaba la humanidad cuando no teníamos el conocimiento necesario para responder con conocimiento de causa. A continuación nos da la explicación más racional o científica posible, de tal modo que, el niño o la niña puede establecer una diferencia en la manera de responder. De esa manera no solo aprende el valor de cuestionarse ciertas explicaciones, y buscar la verdad más allá de la apariencia, sino también curiosidades históricas que le entran como si fuera un cuento.

En esta reseña que, a diferencia de las otras, pretende ser breve para no aburrir al potencial lector de "La magia de la realidad", comentaré dos relatos que su autor incluye y que desarrolla con la especial maestría que le caracteriza.

LA PRIMERA PERSONA

La primera es un experimento mental que le pide al joven lector para responder a la pregunta de "¿Quién fue realmente la primera persona?".

Busca una foto tuya. Ahora coge una foto de tu padre y colócala encima. Después busca una foto de su padre, es decir, tu abuelo. Después colócala encima una foto de su padre, tu bisabuelo. [...] En el extremo más cercano de esa fila está tu foto. En el extremo contrario está tu foto de antepasado de hace 185 millones de generaciones. ¿Qué aspecto tendrá? [...] ¿Un cavernícola vestido con piel de leopardo? [...] Tu antepasado  de hace 185 millones de generaciones tenía un aspecto similar a este --->

La ilustración entonces muestra a un pez, y Dawkins nos explica que la evolución muestra un continuo muy lento, de la misma manera que no sabemos exactamente cuando dejamos de ser niños para ser adolescentes, o cuando dejamos de ser adultos para ser ancianos. No existe un primer día de edad adulta, salvo que por ley lo establezcamos en el decimo octavo cumpleaños, pero eso solo es una norma para establecer límites legales, no es un hecho natural. De la misma manera se puede decir que no hay una primera persona.

El autor le pide al lector que mire esa torre de fotos de casi 5 km, y en vez de irse al extremo, busque antepasados más recientes que aunque diferentes, todavía guarden cierta relación de aspecto con los humanos actuales.

¿Y si retrocedemos 100000 años, donde encontraríamos a tu antepasado de 4000 generaciones atrás? Bueno, quizá ahora podríamos detectar un cambio visible. Tal vez un cráneo ligeramente más grueso, sobre todo bajo las cejas. Pero seguiría siendo algo muy leve. Retrocedamos aún más en el tiempo. Si caminas hasta hace un millón de años en esa fila, la fotografía de tu ancestro de hace 50000 generaciones será suficientemente distinta como para considerarlo una especie distinta, la que denominamos Homo erectus. Actualmente, como bien sabes, somos Homo sapiens. El Homo erectus y el Homo sapiens probablemente no habrían sido capaces de reproducirse entre sí; e incluso si lo hubieran hecho, el bebé resultante no habría podido tener hijos; del mismo modo que una mula, que es una mezcla de padre burro y madre yegua, es también incapaz de tener descendencia. (En el próximo capítulo veremos el porqué).

De nuevo, todo es gradual. Tú eres Homo sapiens y tu antepasado de 50000 generaciones atrás era Homo erectus. Pero nunca hubo un Homo erectus que de pronto diera a luz a un bebé Homo sapiens.

Por tanto, la pregunta de quién fue la primera persona y cuando vivió no tiene una respuesta precisa. Es algo confuso, como la respuesta a la pregunta de cuándo dejaste de ser un bebé y te convertiste en un niño. En algún momento, probablemente hace menos de un millón de años pero más de 100000, nuestros ancestros fueron suficientemente distintos de nosotros como para que una persona actual no pudiera engendrar descendencia con ellos.
UN UNIVERSO DENTRO DE NOSOTROS

En el capítulo cuarto, "¿De qué están hechas las cosas?", Dawkins usa una comparación muy ilustrativa que nos da una idea de todo lo que esconde lo diminuto, lo invisible. Abre una ventana tan curiosa, que incluso cualquier adulto se asomaría a mirar por ella.

"¿Recuerdas que dije que un cristal de diamante es una molécula gigante compuesta por átomos de carbono, como soldados en un desfile tridimensional? Bueno, ahora podemos mejorar nuestro «modelo» del cristal de diamante aplicándole una escala -es decir, una idea de la proporcionalidad que mantienen en él las distancias y los tamaños-. Supón que representamos los núcleos de cada átomo de carbono del cristal no con un soldado, sino con un balón de fútbol, con electrones orbitando a su alrededor. En dicha escala, los balones más cercanos dentro del diamante estarían a más de 15 kilómetros de distancia.

Los 15 kilómetros entre los balones podrían contener a los electrones en órbita alrededor de los núcleos. Pero cada electrón, en nuestra escala futbolística, es mucho más pequeño que un mosquito, y esos mosquitos en miniatura están a varios kilómetros de distancia del balón alrededor del que vuelan. Resulta increíble que incluso el legendariamente duro diamante esté prácticamente compuesto por ¡e s p a c i o   v a c í o!

Lo mismo ocurre con todas las rocas, sin importar su dureza o solidez. También con el hierro y el plomo. Incluso con la madera más dura. Y es cierto en ti y en mí. Ya he dicho que la materia sólida está hecha de átomos pegados, pero en este caso «pegados» significa algo distinto, porque los propios átomos son, básicamente, espacio vacío. Los núcleos de los átomos están tan alejados que si los pusiéramos en la escala futbolística, cualquier par de ellos estaría a 15 kilómetros de distancia, con algunos mosquitos por medio."
LA MORALEJA DEFINITIVA

Pero quizás la enseñanza más importante que aprendemos de este pequeño libro no reside en los descrito anteriormente, que ya de por sí justificaría su lectura, sino en uno que a menudo se olvida: la ciencia no es aburrida, es fascinante y... sí, es mágica

No debemos desechar la palabra magia como si fuera algo tramposo o sobrenatural, sino aceptarla como parte de nuestra naturaleza en cuanto que somos seres sensibles, que nos emocionamos, nos sobrecogemos y nos empequeñecemos cuando nos enseñan la vasta y salvaje naturaleza que nos rodea. 

Es necesario recuperar el mensaje de la intensidad vital que nos aporta vivir la ciencia, tanto o más enriquecedor que la lectura de una gran poesía o novela, o ir al cine a ver una película de aventuras épicas. Ser conscientes de lo que ha costado llegar a nuestro nivel de conocimientos, las vidas que se han salvado, las expediciones que se han realizado, los años de investigación dedicados, los fracasos y la reconstrucciones que se han llevado a cabo hasta construir algo más sólido, los riesgos de pervertirlo todo por intereses espurios o en nombre de las guerras etc... todo eso es tan entretenido, emocionante, inspirador, aventurero y mágico como las aventuras de "Los piratas del Caribe", "La guerra de las galaxias", "Las crónicas de Narnia", "Spiderman" o las novelas de Julio Verne. Y si no lo es, es porque fracasamos en la labor de la divulgación científica.

Dawkins lo explica mejor:

"El tercer significado de magia es al que quería referirme en el título: la magia poética. Podemos llegar a llorar con una pieza maravillosa de música y describimos el concierto como «mágico». Cuando observamos las estrellas en una noche oscura sin luna ni luces artificiales, nos quedamos casi sin respiración y decimos que la visión es «pura magia». Podemos utilizar la misma palabra para describir una puesta de sol maravillosa, un paisaje alpino o un arco iris delante de un cielo oscuro. En este sentido, «mágico» significa algo profundo, excitante: algo que nos pone la piel de gallina, que nos hace sentir más vivos. Lo que me gustaría mostraros en este libro es que la realidad -los hechos del mundo real tal como los entendemos a través de los métodos de la ciencia- es mágica en este tercer sentido, el sentido poético, el sentido de qué-bueno-es-estar-vivos."





1 comentario:

  1. Qué distinto sería el mundo si el conocimiento llegara a todos de este modo. Gracias por tan extraordinaria reseña. Leeré el libro.

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